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Crítica de «Her» (****): La voz amada

La impresión romántica de la película produce vértigo, pero también su dedo en la llaga del hombre actual, o inminente

Día 22/02/2014 - 14.28h

Spike Jonze es un cineasta al que no se entra sin dejarse antes algo fuera, llámese lógica, cordura o simple vulgaridad, y que sitúa sus historias en un terreno que no se pisa con los pies calzados. Ahora en «Her» nos lleva hasta un personaje y una situación de un futuro cercano y reconocible, en el que el protagonista profundiza en su relación con el fabuloso Sistema Operativo de su ordenador hasta desarrollar, y contarnos, una sorprendente, intensa y apasionante historia de amor. interpretado por esa gota de ácido actoral que es Joaquin Phoenix, el personaje desgarra todas sus capas externas hasta mostrarnos la médula espinal de las emociones y sentimientos del ser humano, capaz de llenar con pura imaginación (o con imaginativa pureza) el enorme hueco de su soledad, sin que la física, o lo físico, tenga fuerza suficiente para detenerlo.

Jonze habilita con gran ingenio las claves de esta fantasía científica y romántica para que, una vez despreciada la cordura, el espectador entienda lo que de maravilloso y aterrador tiene su propuesta de «amour fou», en el que juega un papel crucial la voz curvilínea y carnosa de Scarlett Johansson, que interpreta (en «off», of course) a esa irresistible secretaria personal e impersonal computerizada.

No es tan evidente que la película enfoque los otros «componentes físicos» con tanta lucidez y sentimiento, sea en forma de futuro, con Amy Adams, o de pasado, con Rooney Mara, su ex mujer y tobogán al vacío, pero están ahí para darle entidad real, vida, «normalidad», a ese hombre solitario, escritor de cartas de amor para necesitados que pesca en la Red, que se mueve, habla y piensa con una sensibilidad tan depurada que está en un terreno ilusorio, amatorio, quimérico, entre García Márquez y Wong Kar Wai. La impresión romántica de «Her» produce vértigo, pero también su dedo en la llaga del hombre actual, o inminente, que se apresta a incorporar a su corazón sentimientos a los que aún no se le han puesto nombre.

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