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Crítica de «Oh boy» (***): Un día sin café

Crítica de «Oh boy» (***): Un día sin café

Una película que retrata el vacío existencial berlinés, que habla el mismo idioma que en otros países de Europa

D�a 07/03/2014 - 10.13h

La vida en blanco y negro de un joven berlinés desde que se levanta una mañana cualquiera hasta la del día siguiente, pero sin pegar ojo, una porción de tiempo muerto a la que el director, el debutante Jan Ole Gerster, le hace una interesantísima autopsia: por más vueltas que dé, el protagonista no encuentra. No encontrará el café que tanto necesita, ni las palabras que su acaudalado padre quiere oír, ni el modo de reconciliarse con su inane pasado, ni sentimientos que ofrecerles a su chalado amigo, a su desconsolado vecino o a la niña gorda de su clase hoy convertida en una estupenda anormalidad...

En fin, una película que retrata el vacío existencial berlinés, que habla el mismo idioma que en otros países de Europa, pero lo hace con una cámara nouvellevaguiana y unos trazos donde se confunden lo trágico y lo cómico, y no sólo de ese individuo que no consigue mojarse de café los labios, sino también de su abrumadora y bien trazada sociedad que tiene digerido su pasado, su presente y hasta su futuro.

Oh Boy no aporta, desde luego, innovación a esa idea ya rastreada de vagabundeo físico y emocional de la juventud, pero adquiere, esencialmente en la mirada algo chaplinesca de su protagonista, Tom Schilling, un plus de frescura, cercanía, percepción e incertidumbre que hacen el relato más encantador, incluso poético en aspectos de difícil lírica, como el machismo pandillero o el residuo del nazismo.

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