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Crítica de «300: el origen de un imperio» (**): Sangre salvaje sobre olas ardientes
Jack O'Connell (Calisto) y Sullivan Stapleton (Temístocles), en una escena de la película

Crítica de «300: el origen de un imperio» (**): Sangre salvaje sobre olas ardientes

Una secuela correcta, pero sin el impulso brutal del original y ya sin sorpresas

D�a 07/03/2014 - 10.10h

Se habla de «300» y un silencio sepulcral, que no se sabe si es de respeto o sigilosa cautela, envuelve a los interlocutores. «300» sorprendió al mundo cinéfilo, no solo por su estética, su ritmo lento de cámara en plena acción, o por el tratamiento de las peleas cuerpo a cuerpo. Ni siquiera por la casi sagrada fidelidad que Zack Snyder hizo del cómic de Frank Miller. Era, fundamentalmente, por esa ola de salvajismo que empapaba cada milímetro de celuloide, la crueldad de la guerra en todo su esplendor, la pérdida de la humanidad en pos de la muerte envuelta en la bandera del honor.

Ni que decir tiene que era un bocado demasiado suculento para que cualquiera de estos factores fuese mínimamente traicionado en esta secuela producida por el mismo Snyder y dirigida por Noam Murro. Para que no se cansen: aún estructurada de igual forma que su primogénita, nada es igual. El sello de esta no tiene el liderazgo fresco que se adivinaba en Snyder, ni nada te sorprende aunque la lucha esté trasladada al mar (la batalla de Salamina) ni, por supuesto, el voluntarioso Sullivan Stapleton (Temístocles) tiene el carisma ni la ferocidad de Gerard Butler (¿quién iba a pensar que le echaríamos de menos?). La acción, trepidante y violenta, utiliza el mismo repertorio de brazos y piernas cortadas, pero todo huele ya a tierra hoyada.

Incluimos igualmente la falta de veracidad en la historia. Aquí es Artemisia de Caria, la comandante de la armada persa, la que propone ir a la batalla cuando en la realidad fue ella la que pidió prudencia a Jerjes para no entrar en los estrechos de Salamina, peligrosos y llenos de trampas, para ser el rey persa el que desoyera la voz de la sabiduría.

Junto al origen de Jerjes ?un acierto del nuevo guión?, es precisamente Eva Green, en el papel de dicha Artemisia, el punto fuerte de la película. Poseída de una devastadora sed de venganza, Green da lo que los hombres del film no dan: esa mirada llena de odio, resolución y hambre de sangre, una actriz capaz de dar una clase entera de Kamasutra en minuto y medio de escena de sexo violento y desmadrado.

En suma, una secuela correcta, pero sin el impulso brutal del original y ya sin sorpresas. Eso sí, seguro que habrá una tercera entrega: la batalla de Platea (última de la Segunda Guerra Médica), donde volverán los espartanos llenos de gloria y los persas llenos de decadencia.

El domingo 16 de marzo puedes adquirir por sólo 1 euro, con el diario ABC, «300», la película de Zack Snyder que inició la saga.

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