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Crítica de «La Bella y la Bestia» (**): La belleza está en el exterior

Christophe Gans no le cambia la letra al cuento, pero sí le altera su música; en esta versión, todo es pelo

Día 14/03/2014 - 10.15h

Si de algo no carecía el cine francés, además de pecho, era de una adaptación fascinante y poética del cuento de origen recóndito de «La Bella y la Bestia», pues Jean Cocteau firmó con ese título en 1946 una obra maestra. A pesar de ello, y de Disney, el francés Christophe Gansha querido plasmar en película su visión del asunto, aunque no aporta grandes hallazgos salvo, tal vez, el estar impregnada del espíritu de otra de sus anteriores películas, «El pacto de los lobos».

Puede aportarle algo de pimienta a esta revisión el hecho de la protagonista femenina, Bella, esté interpretada por Léa Seydoux, la princesa con calzas de ese otro conmovedor cuento titulado «La vida de Adèle», aunque, sorprendentemente, aquí disuelva en agua todo el espíritu romántico y pasional que tenía en el titulo de Kechiche.

Christophe Gans no le cambia la letra al cuento, pero sí le altera su música, que ya no es melodía gótica y equilibrio entre la ternura y la pasión, sino más bien furia, batalla y metal, elementos que riman en consonante con la presencia del bestial Vincent Cassel, un actor de potencia, sí, pero que ejerce sobre las columnas de lo trágico el ímpetu de un Sansón, despojándole a la historia de sus dilemas esenciales, entre la fuerza y la fragilidad, entre el amor y la soledad, entre lo exterior y lo interior... Como si dijéramos, en esta versión del cuento, todo es pelo.

Hay, claro, mucha puesta en escena, mucho aparataje digital, mucho ruido..., pero poca nuez, y en este capítulo, el de la nuez, podría subrayarse la presencia villana de Eduardo Noriega con la voz cambiada pero con el porte chulesco del que gasta patillas anchas. La idea que transmite esta Bella, o sea, Léa Seydoux, es que le gustaba más Adèle Exarchopoulos que el bestia de Vincent Cassel.

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