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Crítica de «Ocho apellidos vascos» (***): Euskadi tiene un sabor especial

Crítica de «Ocho apellidos vascos» (***): Euskadi tiene un sabor especial

La película de Emilio Martínez-Lázaro es valiente y oportuna, pero sobre todo es divertida

Día 14/03/2014 - 10.14h

En los últimos años nos han llegado un puñado de películas europeas que dejaban a su paso una pregunta incómoda, flotando en la polvareda del éxito: ¿por qué no la hemos hecho nosotros? Hacían falta más narices y talento que dinero para rodar «Good bye, Franco» y adelantarse a la joya de Wolfgang Becker con Lenin como excusa. Incluso habría servido el mismo protagonista, Daniel Brühl. Algo similar ocurría con la francesa «Bienvenidos al norte». ¿Acaso no hay en España un Danny Boon que sepa reírse de sus compatriotas con cariño?

Sin disimular sus deudas con esta cinta, «Ocho apellidos vascos» apela al gamberrismo sano del pagafantas Borja Cobeaga y de Diego San José, guionistas de los chistes más incorrectos de la ETB, para buscar petróleo en el mismo pozo. Porque la película de Martínez-Lázaroes valiente y oportuna, pero sobre todo es divertida. El espectador se puede reír de sus semejantes y de sí mismo, si le alcanza el humor. El trío de autores se la juega con la posibilidad (o certeza) de ofender a alguien y no se detiene ante la menor ocasión de hacer una chanza o de darle la vuelta al estereotipo más exagerado en busca del milagro salvaje de la risa.

El hilo central es más sofisticado de lo que parece, otra de sus virtudes ocultas: un sevillano y una vasca mantienen una relación «imposible» y, mientras se tiran los tópicos a la cabeza, él tiene que hacerse pasar por lo que no es. La viuda de un guardia civil completa el cuarteto de equívocos y sostiene un esqueleto en el que lo que brilla, como debe ser, es la carne.

Hay al menos media docena de escenas en las que el público se mondará incluso a costa de sus «principios», sin dejar del todo a un lado el sentimiento de culpa. Ahí resulta fundamental, claro, la gran actuación de Karra Elejalde ?con un punto al Robert de Niro de «Los padres de ella»?, la entrega en el papel más difícil de Dani Rovira y la clase de Carmen Machi. A Clara Lago le falta un punto, como al pulido de alguna escena, pero mantiene el tono de una comedia en la que lo único necesario es disfrutar.

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