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Crítica de «Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!» (****): Psicosis interior

Es difícil no asombrarse ante el despliegue físico y emocional de este autor total y su descarnado sentido del humor

D�a 28/03/2014 - 12.57h

Se burlaba el viejo chiste del cazador tembloroso que siempre acertaba el tiro porque disparaba «en todas direcciones». Algo así le ocurre a Guillaume Galliene, cuyo yo se desparrama hasta tal punto que escribe, dirige e interpreta su propia vida y, no conforme con el alarde, hace incluso el papel de su madre. Del psicoanálisis a «Psicosis». Sobre las tablas, iba aún más lejos y se apoderaba del resto de personajes, exhibición que repitió con tino Secun de la Rosa en nuestro país. La película, en suma, solo podría ser más personal si se hubiera limitado a proyectársela a sí mismo. Por fortuna, no es tan radical y nos permite asomarnos a ella desde hoy mismo.

Que venga precedida por un exitazo en Francia, de público y premios César, no garantiza que sea apropiada para todos los públicos, sin embargo. Visto con otros ojos, la genialidad de Gallienne «no es más» que la búsqueda interior de la identidad sexual de un inadaptado.

Hecho este paréntesis admonitorio, es difícil no asombrarse ante el despliegue físico y emocional de este autor total, su descarnado sentido del humor -el adjetivo se queda corto en el episodio con Diane Kruger- y el valor de su desnudo integral, mayúsculo. Convertir en imágenes los psicoanálisis de toda una vida tiene tanto mérito como la crueldad con la que destroza su intimidad familiar. Guillaume tiene tantas espinas clavadas que su plato requiere precauciones. Incluso es posible ver la cinta una segunda vez y sentir dolor sobre el rescoldo de las risas.

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