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Crítica de La imagen perdida (****): Monumento sin documento

Rithy Pahn utiliza muñequitos de arcilla, terriblemente expresivos, un monumento en recuerdo del trauma

D�a 10/04/2014 - 21.18h

Ahora se habla mucho de un concepto tan absurdo como el «documental de animación». El camboyano afincado en Francia Rithy Panh, superviviente de un campo de trabajo de los Jemeres Rojos, da un paso más allá en «La imagen perdida»: utiliza muñequitos de arcilla, inanimados, pero que resultan terriblemente expresivos. El motivo es que la poética voz en off con la que Panh rememora nos hace proyectar sobre ellos la emoción y la indignación.

No son un documento, precisamente sustituyen «la imagen que falta», representan la ausencia de imágenes evidenciales que los verdugos se ocuparon de evitar, pero acaban propiciando una forma de exorcismo. Son un monumento en recuerdo del trauma, a su minúscula manera tan elocuentecomo los ensayos de Didi Huberman sobre las imágenes nazis. Y como eficaz contrapunto Panh inserta los filmes oficiales de propaganda: sus imágenes de una forzada colmena de trabajadores construyendo la sociedad nueva de Pol Pot resultan todavía más terribles.

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