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Crítica de Inevitable (**): La pasión y otras fatalidades

Una posible moraleja es que no hay mujer fatal sin un hombre que se empeñe en ponerle la yugular a tiro

D�a 10/04/2014 - 21.18h

Esta curiosa co-producción hispano-argentina, «Inevitable», acumula en algún momento de su argumento más coincidencias fatales que un thriller de Brian de Palma, el título de cuya reciente «Passion» bien le podría servir a ésta. La diferencia es que las intenciones del realizador Jorge Algora, o del autor de la obra original (Mario Diament), son más respetables -o aburridas- y aspiran a ofrecer algo de luz sobre la condición humana. En concreto, sobre el potencial a la vez sublime y destructivo de la pasión amorosa, sobre todo si se descubre en la edad tardía, cuando uno lleva demasiado tiempo instalado en y reconciliado con una realidad vital más o menos pasable.

Eso le ocurre al banquero que encarna con solidez, estolidez y un poco de estupidez viril (lo pide el personaje) un estupendo Darío Grandinetti cuando se topa con una joven escultora (Antonella Costa) que le saca del mundo de las primas de riesgo, como una Mary Poppins más sexy y con mejor estilismo que la de Julie Andrews. Una posible moraleja es que no hay mujer fatal sin un hombre que se empeñe en ponerle la yugular a tiro de mordisco «dentato». Pero lejos de tanta pasión descangallá, lo mejor de la función es la plácida serenidad de un Federico Luppi que encarna una mezcla de coro griego y maestro de ceremonias desde su humilde banco de parque porteño.

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