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Crítica de «Big Bad Wolves» (**): Gamberrada gore

La película casa perfectamente con el estilo de Tarantino: macabro, sangriento, gore, salvaje, todo lo que se quiera aplicar a dos horas de tortura

Día 23/05/2014 - 03.11h

Viene «Big Bad Wolves» con el presuntuoso título de mejor película del año, estandarte que le ha regalado porque sí el bueno de Tarantino, aunque más bien convendría decir el malo de Tarantino que, visto lo visto, no es de extrañar que le haya dado el reinado sin una sola estridencia que en realidad son muchas.

Y lo son porque vista la película casa perfectamente con el estilo de Quentin: macabro, sangriento, gore, salvaje, todo lo que se quiera aplicar a dos horas de tortura a un supuesto pedófilo por parte de un padre vengativo y un policía que camina al filo mismo de la cuchilla legal.

En realidad, la idea es muy parecida a la de «Prisioneros», película de alta gama, muy superior a esta, pero mientras en aquella derivaba hacia una seriedad solemne, dramática en grado sumo, aquí enseguida navega por los tintes del humor negro. Lo consiguen los directores con una frialdad de los personajes que ronda en grado sumo la frontera de la comicidad gamberra. Por eso le encanta a Tarantino que, como se sabe, tiene enormes y numerosas goteras en la azotea.

Al final, la moraleja es entendible. La venganza sirve para bien poco si se lleva a términos radicales y bastos, aunque ni siquiera eso queda claro en un trabajo con excesivos altibajos en su propuesta.

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