ABC.es

HoyCinema

patrocinado por .

Crítica de «Hermosa juventud» (****): Pared sin vistas

Rosales nivela grandes momentos de emoción contenida con otros de precisión y novedad en el lenguaje y consigue un magnífico equilibrio entre la innovación y la conmoción

D�a 30/05/2014 - 06.11h

Rosales es un representante genuino de eso que conocemos como cine de autor, y su obra tiene una huella legible y reconocida, tanto en España como en Cannes, que es quien realmente reparte los honores de autoría. En esta película, «Hermosa juventud», se aprecia una doble e interesante apuesta frente a la crisis: su argumento la aborda en sus efectos más tangibles y cercanos, las secuelas que deja en la vida de la «gente» y en especial la juventud, y por otra parte la aborda desde un terreno personal, de autor, con el gesto de poner los pies en el suelo (gesto absolutamente necesario en el cine y cineastas españoles) y mirar de frente al público para que te devuelva la mirada. Doble apuesta en la que Rosales asume generosamente un riesgo, el de narrar una historia viva y emocional sin permitir que su estilo la devore, y al tiempo sin perder nada de él; es decir, una película armónica y medida en su contenido y singular y pujante en su continente y lenguaje.

La peripecia de Natalia y Carlos, una pareja joven del extrarradio, modelo perfecto de un presente cargado de penurias y de un futuro vacante y cuyo único síntoma de existencia es el nacimiento de un hijo. La película los busca por dentro, en la estrechez de su vida amorosa, laboral, en su gestión de los sentimientos diarios, y los encuentra también por fuera, en sus situaciones familiares, sin apenas osamenta, en ese tiempo congelado de barrio y presente continuo. Rosales nivela grandes momentos de emoción contenida (una esponja reconfortante, un curriculum inútil, un frío autobús tras el rodaje de un porno, un navajazo estéril...) con otros de precisión y novedad en el lenguaje (el tiempo, a ritmo de whatsapp o smartphone), y consigue un magnífico equilibrio entre la innovación y la conmoción. Las interpretaciones de Ingrid García Jonsson y Carlos Rodríguez son también un prodigio de emoción, precisión y novedad.

Comentarios