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Crítica de «Bajo la misma estrella» (***): Love story con bomba de oxígeno

Josh Boone se emplea en preparar un cóctel entre lo romántico, lo dramático, lo agradable, lo emocional y lo inteligente

Día 04/07/2014 - 10.25h

El éxito y el encanto de esta película (como de la novela de John Green en que se basa) tal vez se debe al modo en que acopla mundos discrepantes, muy hostiles, como la juventud y el cáncer con bala de plata, la vitalidad y la agonía, la pasión y el desahucio, el beso y el tubo de oxígeno, el sentido del humor y el dolor.

El director, Josh Boone, que ya puso su cámara en territorio "enemigo" con la estupenda "Un invierno en la playa", esa curiosa historia de amores y escritores, se encuentra aquí más rodeado que Custer y en un territorio venenoso, irrespirable: la historia de amor entre dos adolescentes con un cáncer agresivo y veloz.

Hazel y Augustus se conocen en una terapia de grupo para sobrellevar su enfermedad y de un modo simpático y peliculero entran con cautela pero también en tromba en una fase imprevista (al menos para Hazel, que es la narradora de la historia) y para la que apenas le quedan manos, pues siempre las lleva ocupadas con la bomba de oxígeno rodante que la acompaña... Josh Boone se emplea en preparar un cóctel entre lo romántico, lo dramático, lo agradable, lo emocional y lo inteligente, y que resulte amargo pero no desagradable, digestivo en vez de indigesto.

La personalidad de Hazel, interpretada por esa versión óptima de lo encantador que es Shailene Woodley, provoca desde el arranque, desde el mismo momento que nos confiesa que ya ha asumido desde siempre su cáncer terminal, un tono sentimental de calibre alto, que se ve alterado, pulido, afilado, por la personalidad de Augustus (Ansel Elgort), quien estimula en la historia una tromba de colores y humores que propician ese estado confuso pero muy emotivo entre la risa y la lágrima.

Y entre esos bordes de precipicio se levanta un retrato de adolescentes peculiares, alejados del egoísmo y con un trazo de madurez e inteligencia que le permite un aire grato a lo ingrato. Naturalmente, es imposible no caer en el sentimentalismo, en momentos de tensión y sensibilidades extremas y forzadas (¿forzadas?), en un dibujo sublimado del dolor, la paciencia, la familia y las circunstancias, pero "Bajo la misma estrella" es el ejemplo de que se puede hacer potable, fresca y nutritiva hasta el agua de una charca.

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