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Crítica de «El extraordinario viaje de T.S. Spivet» (**): Niño prodigio

El corazón de la película -que debería ser como el de un niño, enorme- no acaba nunca de arrancar a latir.

D�a 04/07/2014 - 05.19h

Jean-Pierre Jeunet (el de «Amelie» y «Delicatessen») tiene un indudable talento visual: si en el cine la grandeza dependiera sólo de esto, sería un genio. Pero no lo es (será que el cine es otra cosa que el diseño gráfico) como lo demuestra esta película que nada en una abundancia de efectos visuales pero que contiene poco cine que atesorar. Convoca el proverbial sentido de lo maravilloso a través de la mirada de un niño de 10 años, lo que quizá justifica que lo veamos todo magnificado, en primorosos colores y hasta -en salas seleccionadas- en 3D. Pero el corazón de la película -que debería ser como el de un niño, enorme- no acaba nunca de arrancar a latir. En parte por el empalago de tanta «superimagen» y de la continua voz en off del niño, qué mono, Amelio, que no para de pensar en voz alta; en parte porque la parte central de la trama, el viaje furtivo del niño prodigio a recoger un premio del Smithsonian, resulta muy poco interesante. Mejor la primera parte, presidida por la formidable mamá que borda Helena Bonham Carter, o la última, en donde se desboca una Judy Davis en plan Srta. Rotenmeyer espídica. Pero ni siquiera con tan estupendo par de actrices consigue Jeunet un drama tridimensional.

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