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Crítica de «Cómo entrenar a tu dragón 2» (***): De dragones y hombres

Emocionantes reencuentros, clases de naturalismo, unas gotas de humor y el dragón como metáfora de la vida salvaje y mito de la buena bestia

D�a 01/08/2014 - 14.36h

El canadiense Dean Deblois se ha especializado en sagas de éxito. Después de trabajar en «Mulan» y «Lilo & Stitch», completa ahora la segunda entrega de la trilogía literaria de Cressida Cowell. El tiempo transcurrido desde el estreno de la primera parte en 2010 -la tercera llegará en 2016-, ha permitido que el protagonista alcance la «avanzada» orilla de la veintena, con lo que dificultará la identificación inmediata con el público infantil. Este rasgo de valentía ya se había visto con «Toy Story» y su Woody universitario. La osadía enriquece las tramas y permite plantear conflictos más adultos, de una profundidad desacostumbrada en el cine de dibujos, por no hablar de su tono, más oscuro.

Si en la primera parte el espectador asistía a una clase magistral de doma de dragones, unas criaturas que en el fondo se comportan como felinos sobrealimentados (con una dieta que presumiblemente abusa del picante), en esta continuación el nivel del curso es más avanzado y la matrícula se ha ampliado con la participación de nuevos alumnos. Pipo y sus paisanos dan un recital de acrobacias aéreas y, por un momento, nos encontramos ante la clásica película de aviadores, en la que los pilotos desafían las leyes de la física, compiten entre ellos y se juegan la vida con increíbles piruetas sobre sus «draconianos» aparatos. La emoción siempre palidece cuando los personajes no son reales y el riesgo no se palpa, pero el viejo esquema todavía funciona, más aún si se le añade un leve toque «Avatar».

Cruce de géneros

Es justo su capacidad para beber de lo mejor de distintos géneros la mayor virtud del último retoño de DreamWorks. De la aventura de acción pasa al drama familiar, de este a la batalla épica y de ahí da el gran salto, con doble tirabuzón invertido, al debate interior del protagonista, eterno héroe involuntario. El arquetipo es casi infalible aunque, por desgracia, representa una frontera infranqueable entre la realidad y la ficción. Si en el cine estamos hartos de ver al tipo íntegro que no busca la gloria pero que, muy a su pesar, se ve obligado a liderar al grupo para llevarlo hacia el deseado final feliz -así es nuestro Pipo-, en las más prosaicas vidas del común de los mortales estas personas valiosas pero sin vocación trepadora suelen quedarse en tierra. Nadie las echará de menos desde las alturas. Pipo, por otro lado, vive acomplejado y a la sombra inmensa de su padre Estoico (así se llama, aunque parezca mentira) y le da miedo pensar siquiera en convertirse en él. Por fortuna, esto no es el mundo que todos conocemos y la fantasía animada permitirá al muchacho acudir a la cita con su destino.

«Cómo entrenar a tu dragón 2» ofrece mucho, en suma: emocionantes reencuentros, clases de naturalismo, unas gotas de humor y el dragón como metáfora de la vida salvaje y mito de la buena bestia. O no tan buena. Incluso la chica, un personaje desaprovechado, derrocha personalidad. Astrid es una contraheroína que con más minutos y un poco de tinte podría parecerse a la chica de «Brave».

Un villano de western

El villano, que también está a la altura de la empresa, nos regala un duelo semejante al de infinidad de westerns, en una especie de OK Corral fantástico en el que cazadores y domadores emulan las antiguas batallas entre ganaderos y agricultores, tantas veces filmadas. La eterna lucha entre el bien y el mal -algo esquemática- tiene aquí su continuación, en medio de emocionantes reencuentros y clases de metanaturalismo (o algo así). El choque entre las buenas intenciones y las otras, mucho? más habituales, hace crecer al protagonista, un tipo con corazón de líder y alma de dragón. Ni siquiera la tragedia, cuando se produce, ensombrece el buen rollo que destila la cinta, en parte porque el drama se cierra con un emotivo entierro vikingo, que probablemente sea la clase de sepelio más bonita que ha inventado el hombre.

Como parábola sobre el valor y la unidad del grupo, la película tiene sus limitaciones y el dibujo puede sorprender a quienes se despistan en cuanto les cambian el trazo, pero la historia tiene alma y está bien vestida. Solo falta que encuentre su público. En Estados Unidos se vende con el atractivo añadido de las voces de Cate Blanchett, Gerard Butler, Djimon Hounsou y otras estrellas. En España, esta vez se ha confiado en los profesionales.

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