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Crítica de «Shirley» (***): Cuadros vivientes

Crítica de «Shirley» (***): Cuadros vivientes

Una idea tan sencilla como contundente: convertir en tableaux vivant los cuadros de Edward Hopper, tan «cinematográficos» por otra parte

D�a 08/08/2014 - 15.53h

Una idea tan sencilla como contundente: convertir en tableaux vivant los cuadros de Edward Hopper, tan «cinematográficos» por otra parte. Es lo que hace Gustav Deutsch, cineasta austriaco de vanguardia (es un nombre de referencia del cine de found footage), a partir de una docena más uno de lienzos de Hopper: inserta en trece primorosas set pieces a la actrizStephanie Cumming, quien sabe adaptarse perfectamente a la propuesta de convertirse en algo menos que un personaje, en un modelo.

Mejor que entregarse al juego un poco inane de las siete diferencias (¿cuánto se parece la recreación al original?), el espectador de este experimento cadencioso y elegante, un verdadero espectáculo estético, tiene tiempo de plantarse diversas reflexiones sobre cine, foto y pintura.

Por ejemplo: al acercarse mucho a un cuadro se ve que sus «figuras», por más realistas que parezcan al principio, no son más que trazos; Deutsch juega a encontrar en la lisura estática del lienzo otro tipo de trazos: ribetes de ficción. O también: convertir en narrativo lo que no lo es se logra a partir de la duración y del sonido que evoca el fuera de campo, incluido el sonido introspectivo de los monólogos que va desgranando esta Shirley alegórica y plural. Una verdadera delicia.

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