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Crítica de «Locke» (***): En tiempo real

Crítica de «Locke» (***): En tiempo real

Es un tour de force pero no una película que quiera ponérselo difícil al espectador

D�a 22/08/2014 - 12.00h

«Locke» comienza con una serie de imágenes que parecen enfermas de publicidad: vemos a un hombre subir a un coche y salir disparado. El efectismo de los planos exuda un cierto ?fetichismo de cochazo de alta gama?, y nada parece diferenciar esto de un spot de marca. Pronto vemos que no: al contrario estamos ante un drama oral y durante 90 minutos casi ni veremos otra cosa que la cara del conductor. El efectismo de la planificación, que persistirá (constantes cambios de ángulo de la cámara, uso abusivo de los reflejos de las luces nocturnas en cristales, etc.), se hace necesario para no aburrirnos: es un tour de force pero no es una película que quiera ponérselo difícil al espectador.

La suave voz de Tom Hardy se cruza con los interlocutores de las tres vías de conflicto que tiene abiertas y que debe solucionar sin aflojar la marcha. Visualmente es un monólogo (se puede seguir cerrando los ojos, lo que de paso rebaja el look hi tech de la cosa) que se desarrolla casi en tiempo real y con una forma de eso que los narratólogos llaman plazo de entrega: este constructor tiene frentes abiertos en su vida personal y profesional, como vamos descubriendo poco a poco según vamos tragando millas (estamos en Inglaterra y el volante a la izquierda, aunque esto no tenga ningún interés). Y, mientras, suena el teléfono como en aquella insoportable canción italiana (cuya letra tiene que ver con lo que aquí sucede y por eso la traigo a colación sin caer en el spoiler), o como en ese monólogo de Cocteau (La voz humana) que es una prueba de algodón para demostrar la valía de un actor: Hardy lo pasa sin problemas. Lo que no sabemos es lo que dirá la DGT inglesa de esta crisis vivida sin soltar el volante.

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