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Crítica de «Winter sleep (sueño de invierno)» (****): Chejov en la Capadocia

Crítica de «Winter sleep (sueño de invierno)» (****): Chejov en la Capadocia

Un paisaje único en el que la vida está horadada con la misma complejidad que la piedra

D�a 10/10/2014 - 09.32h

Lo esencial que ha de hacer uno ante esta película es quitarle el protagonismo a su duración, 195 minutos. En efecto, son una barbaridad, pero hay que señalar que no es fácil ni aconsejable quitarle ninguno. Ahora, tengo esa certeza, aunque mi primera impresión, cuando la vi en Cannes (donde ganó la Palma de Oro), fue la de que soportaba su primera mitad y me entusiasmaba la segunda. Verla otra vez ha supuesto algo parecido a eso tan natural de los viajes a un lugar al que no has ido antes, que de ida se te hacen largos y, en cambio, de vuelta son inexplicablemente mucho más cortos.

Pues, de vuelta de esta película, es notable toda la precisión y calma con la que mira Nuri Bilge Ceylan a los personajes chejovianos que viven en un hotel perdido en la Capadocia, en un paisaje único en el que la vida está horadada con la misma complejidad que la piedra. Tan importante es el paisaje como la estación, el invierno, para enmarcarnos el estado de ánimo de Aydin, un hombre rico, actor jubilado, del que se irá impregnando suavemente la historia, su relación matrimonial con una mujer mucho más joven, y con su hermana y un entorno social lleno de fríos y de diferencias sociales y económicas.

El alarde descriptivo de la belleza exterior y de interiores (de personajes y de decorados) coge progresivamente velocidad, intensidad, hacia un estado de constantes duelos, profundas y emocionantes conversaciones cara a cara entre los personajes que remueven violentamente la trastienda sentimental de esa aparentemente apacible estampa. Duelos que reflejan la propia esencia y estructura de la película: una conversación usual, intrascendente, que se eriza poco a poco sin ruido y que se estampa en el reproche contenido, en la insatisfacción, en la rotura sin reparo. Los momentos de Aydin con su hermana y, después, con su mujer, son pura antología de los residuos y guijarros que la convivencia va dejando en el colador de la vida. Pero la minuciosa mirada de Bilge Ceylan al alma de sus personajes tiene, además, la tenacidad de contemplar encrucijadas morales entre la dignidad, el dinero, la dependencia, la generosidad y lo ambiguo de la culpa y la compasión. Sí, al menos de vuelta, es una obra maestra.

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