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Crítica de «Coherence» (***): Miedo a nosotros mismos
Una escena del filme, premiado en el festival de Sitges

Crítica de «Coherence» (***): Miedo a nosotros mismos

El director explora sus particulares universos de manera prodigiosa, sin perder nunca un hilo que a otro se le enredaría a los diez minutos

D�a 24/10/2014 - 11.24h

Premiada en Sitges por su imaginativo guión, «Coherence» no es solo el ejercicio de coherencia que pregona su título. Es también una muestra de ingenio inclasificable, a partir de la fórmula del «Reencuentro». En este caso ocho amigos sientan a su mesa la intriga, el drama, el terror suave y una ciencia ficción sin marcianos ni futurismos. Entre ellos no hay estrellas, en una cinta rodada con menos de lo que gasta un consejero con tarjeta, apenas 50.000 dólares, pero un par de actores pueden resultar familiares: Emily Foxler por «Mad Men» y Maury Sterling gracias a «Homeland». Todos resultan naturales y creíbles.

James Ward Byrkit, conocido por escribir historias tan comerciales como «Piratas del Caribe» y «Rango», se ha reservado para el debut como director su idea más personal. Los diálogos revelan sus fuentes, aunque no tarda en desmarcarse de ellas. De momento, el lector no querrá conocer casi nada del argumento; le basta con saber que un cometa parece causar fenómenos extraños, aunque se puede adelantar que Byrkit explora sus particulares universos de manera prodigiosa, sin perder nunca un hilo que a otro se le enredaría a los diez minutos. A muchos espectadores, de hecho, les costará seguirlo, porque la película obliga a pensar, pero quien se tome a bien su funesta manía disfrutará al máximo el invento.

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