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Crítica de «Dos días, una noche» (****): Viacrucis por un drama laboral

Crítica de «Dos días, una noche» (****): Viacrucis por un drama laboral

Hubiera sido más fácil encontrar un adorno en la túnica de la Madre Teresa que en el cine de los hermanos Dardenne

D�a 24/10/2014 - 11.23h

Hubiera sido más fácil encontrar un adorno en la túnica de la Madre Teresa que en el cine de los hermanos Dardenne, tan escueto y desprovisto de ínfulas siempre como esos pases al pie que daba Bakero. En esta película, los belgas no tardan ni media docena de planos en fijar el lugar (la crisis laboral) y el conflicto, que es el de una sencilla trabajadora que pierde su puesto de trabajo y a la que se le permitirá recobrarlo si convence a sus compañeros de que renuncien al plus económico que les supone su despedida.

La película es el viacrucis de esta mujer, casi de puerta en puerta, en esa pedida a contrarreloj de una mezcla de solidaridad, compasión, justicia y compañerismo a unos personajes que, en el fondo, están tan necesitados como ella de todo eso? No hay ni subidas ni bajadas de tensión en la voz de la cámara de los Dardenne, que se comporta como la de un documental del National Geographic que filmara las teclas y resortes del comportamiento humano, milagrosamente interpretado por la sencilla ansiedad de una Marion Cotillard con el mismo refilón de angustia con el que aquel padre buscaba su bicicleta robada.

Tal vez sea lo esencial de esta película esa búsqueda desesperada de la solidaridad obrera en un paisaje selvático y al tiempo desértico, que los Dardenne retratan con una pulcritud muy alejada del tufillo de lo dogmático o groseramente social, pero aún resulta más interesante el efecto colateral de esa mirada, las reacciones y explicaciones del contraplano, de esos compañeros que han de decidir entre lo que más necesitan (el dinero) y lo que más quieren (dignidad), y los Dardenne, tal vez sin proponérselo, nos muestran esa flagrante incapacidad de decidir como individuos, de escudarse en los demás, de aspirar a gloria o respeto individual pero a penuria colectiva. En realidad, esta película es un ejemplo de trastiendas morales y de lo muy lleno que puede estar un cine absolutamente despojado.

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