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Crítica de «El juez» (***): El palo y la astilla

Crítica de «El juez» (***): El palo y la astilla

Robert Downey Jr., famoso por redimir películas imposibles con su afilada lengua, aquí debe mordérsela literalmente para no hundir aún más a su progenitor

D�a 24/10/2014 - 11.24h

Las películas de juicios forman un género que uno no tiende a citar entre sus favoritos. No se suelen echar de menos hasta que se pilla alguna un poco por azar, o porque le encargan una reseña como ésta, y entonces uno se sorprende de lo fácil que resulta engancharse a la vieja ceremonia legal, y anticiparse y saborear cada una de las convenciones que inevitablemente acabarán manifestándose.

«El juez» es un ejemplo canónico de ese tipo de película que casi se puede tararear, como una canción que se sabe de memoria, o como un blues (digamos) que se oye por primera vez pero del que sabemos siempre por dónde va a tirar: en este caso, sabemos que habrá testimonios imprevistos, revelaciones asombrosas, parrafadas brillantes, un fiscal odioso que manipula a quienes sube al estrado, etc. etc. La novedad reside en que aquí el protagonista debe defender a su padre, con el que hace años que no se habla: Robert Downey Jr., famoso por redimir películas imposibles con su afilada lengua, aquí debe mordérsela literalmente para no hundir aún más a su progenitor, que encarna nada menos que Robert Duvall (muy senior ya).

El duelo entre el ingenio nervioso y urbano de Downey y la sentenciosa pero ya traqueteada autoridad de magistrado rural de Duvall es, por supuesto, lo que justifica el desplazamiento: como ocurre en tantas otras historias americanas, la búsqueda del padre es el motor íntimo de todo el relato. Pero ese confronto primigenio está muy bien arropado por una serie de personajes satélite como el magnífico hermano que hace Vincent D?Onofrio o el sinuoso fiscal que borda Billy Bob Thornton. Y al final, muy al final, porque la película dura demasiado y un poco más, uno se da cuenta que ha estado tan a gusto sentado en el banquillo.

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