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Crítica de «La sal de la Tierra» (***): Wenders retrata a Sebastiao Salgado

Crítica de «La sal de la Tierra» (***): Wenders retrata a Sebastiao Salgado

Sebastiao Salgado es el centro de la diana de este magnífico trabajo documental hecho por Wim Wenders y por el propio hijo del fotógrafo

D�a 31/10/2014 - 06.32h

El fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado es un incansable viajero que le ha puesto un espejo a los lugares más remotos y a las situaciones, conflictos, hambrunas y guerras más despiadadas y humillantes para el ser humano. No es fácil acercarse a su vida y a su obra sin una absoluta admiración por su calidad y poesía, pero también con una cierta reflexión moral sobre el hecho de poner mirada artística, un altísimo nivel estético y un consecuente aire lírico a la crueldad, al sufrimiento, a la indigencia, al éxodo y al desamparo. Tan admirado y también criticado por la brillantez de su espejo a lo peor del mundo, Sebastiao Salgado es el centro de la diana de este magnífico trabajo documental hecho por Wim Wenders y por el propio hijo del fotógrafo, Juliano Ribeiro Salgado, lo que le da al retrato un cierto vaho de sentimiento filial: un consecuente limpio espejo al limpio espejo de Salgado.

La película es fiel al espíritu que retrata, reveladora del sugestivo y fascinante personaje, al que le sigue el rastro con devoción, pero también es fiel al espíritu de Wenders, hábil documentalista que sabe apropiarse y dar singularidad a las imágenes de otro (su anterior documental sobre Pina Bausch era excelente) y que le da camino y dirección. Trama la historia de este documental sin escabullirse de la reflexión ante la estética del horror y ofrece un mosaico de imágenes maravillosas de ver y difíciles de digerir sobre la infancia y la injusticia, pero conduce su trabajo (o el trabajo de Salgado) hacia otro propósito justamente contrario, el de mostrar la contrapartida de la fealdad del mundo con la enorme belleza del Planeta, su exuberancia y la salvaje animalidad de sus seres. La sal de la Tierra a plena luz y con un pellizco de azúcar.

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