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Crítica de «Justi&Cia» (**): El último regalo de Álex Angulo

Crítica de «Justi&Cia» (**): El último regalo de Álex Angulo

Es imposible no buscar un mensaje oculto de despedida de alguien tan grande que a la fuerza debía intuir algo

D�a 07/11/2014 - 13.14h

«Justi&Cia» es una película de actualidad tan rabiosa que, sea cual sea la portada de hoy en los diarios, lo más probable es que la muerda por los tobillos, o por otro sitio. La mera existencia de la cinta es una especie de venganza social contra la corrupción, la obra de una víctima de la crisis sin más subvención que la inyección de rabia que produce todo despido. La fatalidad quiso que fuera además el último trabajo de Álex Angulo, un actor superdotado escondido en un cuerpo pequeño, paradoja que en la actuación se da con inusitada frecuencia.

El inolvidable sacerdote de «El día de la bestia», el Blas que tantas vocaciones disparó por error, está bien incluso cuando exagera; caería en gracia aunque su personaje asesinara a su madre y a la de Bambi juntas. En los primeros compases es imposible no buscarle a cada diálogo suyo un doble sentido, un mensaje oculto de despedida de alguien tan grande que a la fuerza debía intuir algo.

Lo más sorprendente es que a su lado descubrimos a otro intérprete formidable. A primera vista, Hovik Keuchkerian parece un Bardem de bajo presupuesto, pero el Quijote de la historia, con Angulo como obvio escudero de lujo, llena el traje que le han escrito hasta disimular sus evidentes costuras. Si la verosimilitud tiene desconchones no es por ellos.

En el fondo, el acto de intrepidez de Ignacio Estaregui es una obra maestra de la osadía, con el mérito añadido de no permitir que la muerte de Angulo se note, algo que no lograba ni «El cartero y Pablo Neruda» con la ausencia final de Massimo Troisi. En la superficie, el guión tiene perdonables lagunas. Justi y cía dan idea de lo forzado del chiste. Lo bueno, y la pena al mismo tiempo, es que cualquier parecido de los hechos narrados con la realidad no es mera coincidencia.

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