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Crítica de «Matar al mensajero» (***): Cielo e infierno del periodismo

Crítica de «Matar al mensajero» (***): Cielo e infierno del periodismo

Un gran Jeremy Renner trasluce la inquietud primero, el dolor después y la vergüenza cuando sus superiores se rinden a la presión de los poderes fácticos

D�a 14/11/2014 - 09.27h

Hablamos de la historia real de Gary Webb, periodista de un diario de media tirada de San José, que logró descubrir la conexión de la CIA con un cartel de drogas de Nicaragua con el fin de conseguir dinero para la contra de aquel país. En el camino no dudaron en llenar de crack las calles de los barrios negros de Estados Unidos. Webb, hay que decirlo pronto, acabó con dos tiros en la cara y a tal punto llegó la desfachatez de la policía que dictaminaron suicidio cuando ya se sabía que todo el mundo iba tras él. Es decir, un asesinato en toda regla sin que nadie (solo su familia) se preocupara por ello.

La película de Michael Cuesta entra de lleno, no solo en el recorrido de Webb por la madeja gubernamental de Reegan diez años atrás, sino que llega más allá: va a saco con el mundo del periodismo y su delicada, y a veces terrorífica, relación con el poder. Un gran Jeremy Renner trasluce la inquietud primero, el dolor después y la vergüenza finalmente, cuando sus superiores se rinden a la presión del gobierno, de los poderes fácticos y, aún sabiendo que estaba en el camino correcto, le dejan vendido, algo muy común también en el periodismo de hoy en día.

El trabajo de Cuesta es riguroso, exacto y está realizado con mucha pulcritud. Además, con suma elegancia y estilo, nos ahorra el tormento de la decadencia (aunque lo roza) de los últimos años de Webb hasta los dos tiros finales que acabaron con su vida. Y todo ello con el Pulitzer en la mano. Cielo e infierno de un periodismo que, hoy más que nunca, pervive en nuestros días. Un excelente trabajo de la pareja Cuesta-Renner.

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