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Crítica de «Orígenes» (***): La niña de sus ojos

Crítica de «Orígenes» (***): La niña de sus ojos

De ojos trata, o acaba tratando, un subtexto de la trama que se acaba imponiendo en su emocionante tramo final

Día 14/11/2014 - 09.27h

Cuando uno era más joven y leía mucha literatura fantástica, estaba de moda el vocablo fantaciencia, para designar una variante de la ciencia ficción que ponía el acento en el primero de los dos términos. En esta película el director Mike Cahill hace que dos de sus tres protagonistas sean biólogos y que, además, lo parezcan: pasan mucho tiempo en el laboratorio y además hablan de cosas técnicas en la jerga científica.

Pero enseguida entra en escena una mujer que es lo contrario, puro instinto, pura fisicidad, poco leída y encima la conocemos disfrazada de batwoman: casi nada. Michael Pitt no puede sino enamorarse carnalmente de tan felina criatura, dejando la investigación en manos de la rubia becaria Brit Marling, que tiende a mirarle como una cordera degollada. Pero él solo tiene ojos para la otra? y es que de ojos trata, o acaba tratando, un subtexto de la trama que se acaba imponiendo en su emocionante tramo final.

Pese a la jerga científica, que evoca el debate entre creacionistas y evolucionistas, la película de Cahill desprende un cierto tufillo new age, esa filosofía que es una versión consoladora y homeopática de las utopías indígenas o así que habían encandilado a los hippies: quiero decir que la película acaba asentándose sobre una premisa a la vez cósmica y risible, como en las películas de Shyamalan, el director de «El sexto sentido» y posteriores obras de interés decreciente. Cahill se muestra aquí mejor director que en su anterior «Otra Tierra» y la película ofrece un placer sensorial continuo pero a uno, no sé por qué, le acaban sonando ciertas alarmas que repiten «kitsch kitsch kitsch»?

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