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Crítica de «Rastros de sándalo» (***): Bollywood-Barcelona, línea directa

Crítica de «Rastros de sándalo» (***): Bollywood-Barcelona, línea directa

El milagro del reencuentro no es menor que la financiación de la película, de las que gustan menos a los críticos que al público

D�a 28/11/2014 - 13.00h

María Ripoll, aunque a muchos ni le suene su nombre, es una de las grandes directoras españolas. Ahora mismo prepara una comedia con María Valverde, Clara Lago y Dani Rovira y en su desgraciadamente corta filmografía destacan títulos como «Lluvia en los zapatos», «Tortilla soup» y «Utopía». Aficionada rodar en distintos países y a no quedarse atrapada en ningún género, en «Rastros de sándalo» alterna España con la India, a partir del drama de dos hermanas separadas a la fuerza en Mumbai, que se vuelven a ver treinta años después en Barcelona.

El milagro del reencuentro no es menor que la financiación de la película, de las que gustan menos a los críticos que al público, no digamos al festivalero, de Montreal a Valladolid. Los públicos predispuestos, ya se sabe, conducen mejor las emociones. Que la cinta esté hecha casi exclusivamente por mujeres, aunque no sólo para ellas, es lo de menos, aparte de lo que el gesto tiene de reivindicativo.

Aina Clotet y la estrella de Bollywood Nandita Das encabezan con firmeza el reparto y son el símbolo de la unión entre culturas de una obra que no incurre en la tentación de remarcar el contraste y predicar la bondad del ser humano. La brillantez con la que está resuelta la transición entre países es un detalle más de un guión que firma Anna Soler-Pont, coautora de la novela homónima, junto a Asha Miró, y productora del filme. Está feo hasta decirlo, pero uno sale de ver «Rastros de sándalo» mejor de lo que entró.

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