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Crítica de «Mommy» (****): la conmoción detrás de la histeria

Crítica de «Mommy» (****): la conmoción detrás de la histeria

Le devuelve a la idea de mal rato una dignidad, entraña y sensibilidad que sublima y merece el esfuerzo

D�a 05/12/2014 - 10.29h

Con veintipocos años y media docena de películas, el canadiense Xavier Dolan se convierte con la extraordinaria «Mommy» en el oxímoron, o mejor, en la paradoja de un director maduro en su inmadurez. Aún el sustento argumental y emocional de esta película es una penosa y profundísima relación maternofilial, como en la estela de su primera «Yo maté a mi madre», pero que alcanza aquí un descorazonador desequilibrio dramático que la convierte en un lamento ponderado, en un estertor ecuánime? Una película que se llena y se vacía no sólo de un modo sentimental, sino también físico, geométrico, cuya pantalla se ensancha y se estrecha al compás del corazón de su protagonista, un adolescente con un severo trastorno que igual mueve a la bofetada que al abrazo sin cambiar de plano.

La historia es la de este joven con su madre viuda, que han de encajar en la misma vida como si fueran personajes de obras distintas, pero unidas por un raro control de la anarquía y de la histeria?, y ese interior del alma de la película le da sentido al exterior anárquico e histérico con el que Dolan recubre su narración, incontables veces atravesada por la sensación molesta del grito, la violencia, la incomodidad, la incomprensión y el apunte de una soledad de abismo. El trabajo del joven actor Antoine-Olivier Pilon (protagonista de su videoclip sobre Indochine) es descomunal, de enorme desgaste físico y de sutilísima armonía en la creación de odio y de afecto, o de necesidad de afecto; y enfrente está la actriz dolaniana Anne Dorval, que domina lo áspero de su personaje también disléxico en su función de obstáculo y de regazo, y con la flecha de su brújula orientada entre la tragedia y la comedia. Y aún le cabe a Xavier Dolan un tercer hilo que mover, una fuerte tensión que controlar, la del personaje de la vecina, Kyla, estremecedor y fundamental, que interpreta incluso por arriba de las circunstancias Suzanne Clément, que pone el alma en su circunstancial tartamudez y boba vida.

No es difícil encontrarse rodeado de esta película agresiva, enojosa y perturbadora; o sea, tener que defenderse de ella (el protagonista lo hace con cascos y música especial que escuchamos), pero Dolan sublima su terrible historia con elementos narrativos fabulosos, como el de la pantalla como un estado de ánimo, incluso con el «pegote» de la vida que nunca será? Es cuestión de opiniones, pero ésta es que «Mommy» le devuelve a la idea de mal rato una dignidad, entraña y sensibilidad que sublima y merece el esfuerzo.

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