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Crítica de «Mr. Turner» (***): Más el gruñido que la magia

Crítica de «Mr. Turner» (***): Más el gruñido que la magia

Leigh construye un dibujo casi hiperrealista, absolutamente enfocado, de Turner, un artista de la distancia, del borrón que se ordena pictóricamente mientras te alejas de él

D�a 19/12/2014 - 21.38h

Mike Leigh es un cineasta al que le interesa más el individuo que el paisaje, y se halla en el equipo contrario que el pintor Turner, al que le interesó más el paisaje que el individuo. El cuadro de esta película, pues, no puede ser otro: el retrato de un individuo que retrata el paisaje. Las técnicas de ambos no pueden ser, tampoco, más lejanas: Leigh construye un dibujo casi hiperrealista, absolutamente enfocado, de Turner, un artista de la distancia, del borrón que se ordena pictóricamente mientras te alejas de él. Y se puede ver esta película con la sensación de que se está más cerca del alma de Turner que de su pintura.

La historia se centra en el último tercio de la vida del pintor, cuando ya estaba en posesión de toda su potencia artística y de toda la metralla de su personalidad extravagante. En plena alianza con su actor fetiche, Timothy Spall, Leigh consigue una gradación perfecta en su dibujo del personaje y muestra con buena precisión cinematográfica su mezcla de sutileza y grosería, su inacabada madurez humana, sus obsesiones y manías, su convalecencia permanente y su necesidad de figuras alrededor (el padre, la criada, la amante?) de alguien que las ignora en su vida y en su obra. Timmothy Spall consigue sublimar esa imagen en cierto modo despreciable con una interpretación casi animal en la que abunda la zafiedad, el gruñido y la cochinada, pero también transmite la profundidad de su dolor de artista al límite, desconfiado, temeroso y frágil, pero también majestuoso.

?Mr. Turner? ofrece una panorámica completa del ciudadano Turner, quisquilloso y pendenciero, y se acerca a los estados de ánimo y a los lugares donde plasmaba sus telas, aunque no consigue llegar (o que lleguemos) al lugar donde nace su mirada de pintor, capaz de explosionar la luz, enfurecer las aguas, crear una tormenta de un simple salivazo. Esa creación de un clima inexplicable y, sin la distancia precisa, también invisible, se traduce en la película en una buena envoltura ambiental, tanto de exteriores como de interiores, y también de relaciones entre Turner, la Academia y los pintores de la época. En fin una película valiosa, bien enmarcada, con una interpretación singularísima de Timmothy Spall y a la que le hubiera venido muy bien un raspado de casi media hora. ¿De dónde?..., pues de donde fuera.

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