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Crítica de «Birdman» (*****): Auténtico cine de superhéroes

Crítica de «Birdman» (*****): Auténtico cine de superhéroes

Iñárritu firma su Eva al desnudo, su crepúsculo de los dioses

Día 09/01/2015 - 09.08h

Cuatro guionistas parecen pocos para justificar el estallido de ideas de la película más redonda de Iñárritu. Casi da pena imaginar su ineludible declive. El mexicano firma una obra deslumbrante, su Eva al desnudo, su crepúsculo de los dioses, un ejercicio de funambulismo que añade el riesgo a sus evidentes virtudes y a los inmortales asuntos que aborda, que evocan las joyas de Mankiewicz y Wilder.

«Birdman» puede desconcertar con sus quiebros, indignar incluso con sus ínfulas de autor. La primera escena supone el primer desafío al espectador, que ni siquiera sabe qué género pisa. Si es de los que prefieren anticipar siempre el siguiente paso, debería elegir otro título. Como película sobre el mundo del teatro, una de sus facetas, profundiza hasta cotas asombrosas desde el privilegiado escenario del viejo St. James de la calle 44, en Broadway. La pugna entre la fugacidad del éxito y la hoja perenne del ego da pie a esta tragicomedia diferente. Riggan, vieja estrella del cine, trata de resucitar con una obra teatral imposible. El hombre pájaro que fue y el hombre murciélago del que se disfrazó Keaton se miran desde ambos lados del espejo. La sombra del actor, su ego con alas, acentúa lo surrealista del drama. A «Birdman» no le faltan ocasiones para despeñarse con una puesta en escena «de corrido», sin evidencia de cortes, con la cámara siempre pegada a su protagonista. El salto mortal interior se engrandece con la pirueta formal, una nueva forma de equilibrismo suicida.

En el centro de todo prevalece el actor, con sus vanidades y sus miedos, entre el talento y la impostura, el deseo de perdurar, la necesidad de ser aprobado y esa irrefrenable afición a confundir amor y admiración. Pero la película no sería nada sin la impresionante actuación de Michael Keaton o el recital caníbal de Edward Norton. Incluso Naomi Watts, actriz perfecta, parece eclipsada. Zach Galifianakis, por una vez de civil, sin caricatura, apenas roba un par de planos. Puede que sea Emma Stone quien más momentos de gloria logra compartir.

Así, entre reflexiones sobre al arte, la crítica -la mejor estocada desde «Ratatouille»- y la absurda inmediatez actual de la fama, Iñárritu y Keaton nos enseñan que los auténticos superhéroes también tienen miedo, solo que no hay traje ni coraza capaz de proteger al artista de sus propias limitaciones, del pavor a estancarse y del pánico a innovar. Disfruten de esta película sobresaliente, en la que podemos sentir la respiración de un arte inmortal con una mala salud de hierro. Es una película con seres mitológicos y gente que vuela. Y todo es rigurosamente veraz.

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