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Crítica de «Quédate conmigo» (***): El amor, la promesa

Crítica de «Quédate conmigo» (***): El amor, la promesa

Este es uno de los grandes tabús del cine habitual, no tanto la muerte como el detalle del proceso de degradación que tan a menudo la precede

D�a 09/01/2015 - 09.09h

Dos se ponen una década más por coquetería o por exigencias de guión, que esta es una historia verdadera. Protagonizan toda una historia de supervivencia; y no me refiero a la edad, que eso no tiene tanto mérito como la supervivencia de un amor cotidiano que los convierte en un envidiable ejemplo de simbiosis mantenida contra viento y marea. Pero el tiempo impertinente hace su labor y la decadencia física y sobre todo mental amenaza con borrar la memoria de seis décadas de pareja longeva feliz.

Este es uno de los grandes tabús del cine habitual, no tanto la muerte como el detalle del proceso de degradación que tan a menudo la precede: sólo algunos maestros como el austriaco Haneke («Amor») o el japonés Yoshida («La promesa») se han atrevido a afrontarlo de cara. Comparado con tan rigurosos ejemplos, el canadiense McGowan no puede evitar caer aquí en cierto sentimentalismo, por otro lado algo comprensible y humano. Pero su película finalmente cae del lado de la contención, gracias al trabajo actores perfectos que rozan los tres cuartos de siglo de edad cada uno, aunque aquí de su formidable pareja estelar. Geneviéve Bujold mantiene parte de su eterno aire de vivacidad e inteligencia, pese a que encarna a alguien que se va vaciando de la segunda de esas virtudes. Y el larguirucho James Cromwell pone a prueba su eterno aire de autoridad encarnando a alguien que la ve desafiada por la burocracia, por la misma edad y por la fragilidad de su vieja cómplice. Una historia ejemplar, en el mejor sentido posible.

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