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Crítica de «Somos lo que somos» (***): Es increíble cómo somos

Crítica de «Somos lo que somos» (***): Es increíble cómo somos

Una especie de «True detective» (o de isla mínima) sin detectives ni verdades ni cabezas de ciervo

D�a 16/01/2015 - 08.43h

Una idea fija atormenta a las jóvenes protagonistas de «Somos lo que somos». Los diálogos lo expresan sin matices al menos un par de veces:«Ojalá fuéramos como los demás... Pero no lo somos», «Papá, ¿y si fuéramos diferentes?. Dios nos ha pedido que seamos como somos», responde el patriarca de los Parker, de una especie que solo puede habitar la América más abisal. La idea en sí es recurrente. La cinta, de hecho, es una nueva variación de la mexicana «Somos lo que hay», de 2014. En unos tiempos de crisis y oscuridad, de amor mal entendido y religión peor asimilada, los enigmáticos protagonistas viven a su manera, como Frank Sinatra, pero con menos música en sus vidas. Entretanto, a su alrededor se producen algunos sucesos extraños.

Por ambientación, temática y oscuridad, «Somos lo que somos» es una especie de «True detective» (o de isla mínima) sin detectives ni verdades ni cabezas de ciervo. La pereza e incompetencia policiales provocan que sea un personaje secundario, un médico que también ha sufrido lo suyo, quien aguante la carga que supone resolver la intriga. El peso es leve porque el género se acerca más al drama y al terror, y porque Jim Mickle tampoco le presta excesiva atención a su doctor, por otro lado un peón fundamental. Pero también es abrumador, porque nadie intenta disimular que los Parker esconden un secreto que cualquiera preferiría no conocer.

La forma que tiene la historia de reptar y la textura del terreno por el que avanza es uno de los atractivos de esta película, el típico factor diferenciador que se puede volver en contra ante un público impaciente. La tonalidad de las interpretaciones es otra virtud que merece reseñarse, sobre todo porque casi ninguno de los actores le sonará a los espectadores, con la notable excepción de Kelly McGillis, treinta años después de su baile con Harrison Ford en «Único testigo».

Desasosegadora hasta su último giro, como sin duda la habría calificado César Santos Fontenla, puede que el estremecedor final parezca exagerado, pero en todo caso es coherente consigo misma, como los Parker.

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