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Crítica de «Whiplash» (****): Mucho más que un buen trabajo

Crítica de «Whiplash» (****): Mucho más que un buen trabajo

Un duelo, la constante y persistente escena final de un western, pero con la cámara hipnotizada en el ritmo brutal y en la acentuación de unos sentimientos muy enrevesados e intensos

D�a 16/01/2015 - 08.42h

La batería es un instrumento muy cinematográfico, casi tanto como el saxo, y la música de jazz tiene tanto influjo legendario en el cine como el cine en la música de jazz. Esta película, realmente espléndida y tan musical como dramática (pero, en realidad, un ?thriller?), utiliza esos elementos y fundamentalmente dos personajes para hablarnos de algunas cosas acerca de la naturaleza del aprendizaje, de la obsesión, de la exigencia, de la (o)presión, de la excelencia artística, del rencor, del miedo a dejarte sin dar algo de ti mismo? Los personajes son, en su esencia, conocidos, un alumno que tiene su alma puesta en la batería y un profesor exigente, violento, de precisión insobornable y aire despreciable. La película es un duelo, es la constante y persistente escena final de un western, pero con la cámara hipnotizada en el ritmo brutal y en la acentuación de unos sentimientos muy enrevesados e intensos.

La demoledora esencia de lo que nos cuenta ?Whiplash? se haya cobijada en una simple frase que le dice ese profesor obseso a ese alumno obsesionado: las dos palabras más perjudiciales para la excelencia artística son ?buen trabajo?. Un ?buen trabajo?, dice, es una mierda, en lo que es una declaración de principios que amenaza al mundo entero, salvo a Charlie Parker, a Miguel Ángel y a otras escasas docenas de tipos que han pisado nuestra misma tierra. Un profesor despreciable, pero que confiesa su terror ante la posibilidad de que pase a su lado ?Bird? y no alce el vuelo porque él no supo detectarlo y exprimirle hasta su última nota.

Película intelectual y moralmente compleja, que acerca lo innoble y lo sublime, que te despoja de las certezas sobre las líneas que separan el adiestramiento de la humillación (es banal la comparación del tratado de esta película con el de otras como ?El sargento de hierro? o ?La chaqueta metálica?). El director, Damien Chazelle, rasca en la personalidad de esos dos personajes de hierro hasta producir dolor dentro y fuera de la pantalla, y es impresionante el trabajo que hacen los dos actores protagonistas, el joven Miles Teller y el veterano J.K. Simmons, como Caine y Olivier en una gallera con música de Art Blakey? Teller se desfonda en algunos solos de sangre, sudor y lágrimas, y Simmons, que ha ganado el Globo de Oro y ganará el Oscar, entra hasta el fondo en un territorio en el que ya no le sirve la brújula al espectador y consigue que la admiración y el odio se disputen el centro de su cerebro. Como a ellos mismos en la gigantesca escena final.

No hay en ?Whiplash? ni un solo momento débil, o desacompasado, y su historia, las motivaciones de esos dos personajes, nunca dejan de removerte y empujarte hasta que anhelas ver ahí, en esa película, en esos personajes y en su música ese estado sublime de lo artístico en el que, en efecto, un buen trabajo no es más que una mierda.

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