ABC.es

HoyCinema

patrocinado por .
Crítica de «No llores, vuela» (***): Interiores candentes en parajes helados

Crítica de «No llores, vuela» (***): Interiores candentes en parajes helados

Claudia Llosa enfoca su narración con cierta intriga y dosificando esos tiempos: el pasado en píldoras de «flashback» va dándole forma al presente

D�a 23/01/2015 - 10.51h

En su anterior película, «La teta asustada», Claudia Llosa ya definía sin titubeos una vocación de estilo, un aliento lírico, un interés en contrastar el efecto de lo mágico (quizás mejor lo no ordinario) en la dura y plana realidad, como de piedra que cae en un charco. Y todo ello queda corroborado en esta película, «No llores, vuela», con la que entra en un mundo de sentimientos muy intensos, en un viaje emocional en dos tiempos y por unos parajes asombrosos y extremadamente helados que, en contraste con la alta temperatura interior de los personajes, producen una especie de vaho dramático que empapa toda la narración, llena de alusiones, de estados metafóricos, algunos tan hermosos como obvios o en exceso subrayados (el vuelo del halcón, la fragilidad de esa estructura de ramas en la que se hornean las milagreras sanaciones?).

La historia en sí podría ser la de tres búsquedas: la de una mujer que tras un insoportable golpe familiar decide borrarse a sí misma y dibujarse de nuevo lejos, sola y dedicada a los improbables, o improbados en la película, dones curativos a gente ya desesperada; la de una joven periodista que persigue la publicación de la discreta y alejada actividad de esta mujer que se oculta, y la de un hombre joven, dedicado a la cetrería, que emprende el viaje para encontrar respuestas íntimas al hecho de sentirse abandonado de niño por su madre y en compañía de un horrible complejo de culpabilidad.

Claudia Llosa enfoca su narración con cierta intriga y dosificando esos dos tiempos: el pasado en píldoras de «flashback» va dándole forma al presente, a ese viaje hacia el Ártico cada vez más gélido y más rociado de vaho dramático; y calcula el efecto de esa intriga que se irá disipando mediante el enorme poder y el gran acierto de su trío protagonista, Jennifer Connelly, cuyo físico y fuerza de atracción le dan al personaje de Nanna Kunning una ligera manita de tinte «coronel Kurtz»; Cillian Murphy lleva tatuados en el rostro más enigmas y sugerencias de las que propone incluso esta película, y Mélanie Laurent («Malditos bastardos») ata con sencillez los muchos hilos sueltos de su personaje. Aunque quizá no sea precisamente la sencillez o la humildad lo más visible de la película, pues a Claudia Llosa se le engola algo la voz al hablar de la carga de la culpa, el reproche, el perdón, la necesidad de creer y la fragilidad del hielo.

Comentarios