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Crítica de «71» (****): Larga es la noche

Crítica de «71» (****): Larga es la noche

Si la película deja sin aliento no es por el esfuerzo físico de soportar una caza al hombre sin tregua, sino por el contexto humano que vamos descubriendo

D�a 23/01/2015 - 10.52h

Una de las mejores películas de Carol Reed, «Larga es la noche», relataba en 1947 la agonía de un miembro del IRA perseguido por la policía. Un cuarto de siglo después -en 1971 transcurre la acción de esta película- el conflicto irlandés vivía uno de sus peores años de plomo. Y un tercio de siglo después nos llega esta apabullante -en el mejor sentido- recreación de un episodio verídico de aquel infierno. Aquí es un soldado británico quien se queda tras las líneas enemigas (creo que es válida la expresión) y son diversas las facciones que se aprestan a darle caza o en su caso a rescatarle.

Si Reed recurría a una famosa escena de alucinación para expresar el estado límite de su hombre acorralado, aquí el director consigue que toda la increíble peripecia nocturna del soldado acosado se convierta en una pesadilla que llamaremos expresionista a falta de un vocablo mejor, si bien este es uno de esos casos en donde puede decirse que la realidad supera toda posible ficción. No piensen, en todo caso, que van a ver un excitante thriller contra el telón de fondo de un determinado momento histórico: si la película deja sin aliento, no es por el esfuerzo físico de soportar una caza al hombre sin tregua, sino por el contexto humano que vamos descubriendo según avanza la historia, incluidos niños verdugos y militantes que practican actos de compasión. El soldado no parece dejar de ser nunca un peón en una partida cuyos jugadores tienen a veces una agenda oculta (por citar otro título célebre sobre este tema) y esa oscuridad acaba resultando más agobiante que la larga noche del protagonista.

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