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Crítica de «El destino de Júpiter» (**): A un cuarto de hora de «Matrix»

Crítica de «El destino de Júpiter» (**): A un cuarto de hora de «Matrix»

Los Wachowski llevan atado «Matrix» al tobillo como una bola de preso, y con la misma soltura que se sobrevalora su cacao argu(mental) en «Matrix», se subvalora esta película

D�a 06/02/2015 - 09.54h

Los hermanos Wachowski llevan atado «Matrix» al tobillo como una bola de preso, y con la misma soltura que se sobrevalora su cacao argu(mental) en «Matrix», se subvalora esta película que, en esencia, participa de un mismo universo tarumba aunque, desde luego, menos apropiado para distraerse en simbolismos y metáforas de tres al cuarto. Y por supuesto, no es probable que el diseño Mila Kunis alcance ni de lejos la implantación del negro levita de Keanu Reeves. A pretensión, al menos, los Wachowski se quedan ahora muy por debajo de su tobillo con la bola de preso.

Argumentalmente, esta película participa en cierto modo de los logros de su película mítica, pues no es fácil enterarte hasta que caen por su propio peso de los ringorrangos etereo espaciales de esta nueva «Neo» llamada Jupiter, también en posesión de un destino imperial y perteneciente a una estirpe cuyos detalles, irreconciliables con la lógica, te incitan a fijarte en lo esencial, que es un futurismo bilbaíno en el que se mezcla a Calatrava, Anish Kapoor y por supuesto Frank O. Ghery con un mundo planetario a tiro de piedra de la Tierra, a juzgar por el trajín y el vaivén de personajes y situaciones.

Afortunadamente, la tradición del cine de aventuras al estilo de «El halcón y la flecha» nos señala los puntos clave de la narración y nos permite regatear los otros, el blablablá y la pseudofilosofía, que sólo es el aderezo del plato a lo nueva cocina. El chico-chica, el maléfico Conde, el abuso, el tic-tac hacia un matrimonio que no se debe celebrar por el bien del pueblo (en este caso la Tierra), la aparición de Dick Turpin atravesando la cristalera? En fin, todo ello puesto en su conveniente mobiliario futurista, con otras armas y otros contendientes como sacados de la cantina de «La Guerra de las Galaxias».

Channing Tatum no es Burt Lancaster, aunque defiende su honrado personaje con enorme fortaleza, y Mila Kunis se muestra igual de eficaz y de creíble fregando cuartos de baño como lidiando con los reyes del universo. «El destino de Júpiter» se sostiene como aventura de ciencia ficción y como película que no le da respiro al espectador, aunque le cuesta sostenerse como obra de los hermanos Wachowski en la estela de esa mítica sobrevalorada de «Matrix».

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