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Crítica de «El libro de la vida» (***): Muñecotes de siete vidas

Crítica de «El libro de la vida» (***): Muñecotes de siete vidas

La película no asustará a los pequeños, si bien los productores han arriesgado ante su público natural

D�a 20/02/2015 - 10.51h

Sería injusto reducir esta producción del caudaloso Guillermo del Toro a una suerte de versión mariachi del Tim Burton de «La novia cadáver» si bien los ojazos de estos muñecotes y la trama de vida más allá de la muerte hacen que sea lo primero que uno piense.

Cierto que el signo distintivo de «El libro de la vida» es que respeta la idea de partida de que los personajes son muñecos de madera, sin intentar humanizarlos: por así decir, permanecen pinochos antes de su transformación en niño, sin dejar por eso de resultar tremendamente expresivos. Ahí se ve el arte de el o los animadores de una función que ha gustado a los críticos americanos.

Si bien a los ?latinos? nos puede molestar el elevado grado de cliché con que sigue presentando Hollywood, en este caso, a sus inmediatos vecinos del Sur. Un mundo mexicano hecho (en esta vida o en la otra) de toreros, militares con bigotones, mujeres de carácter, serenatas, etc. etc. Parece que pese a su ambición global, Hollywood no ha profundizado mucho en el multiculturalismo desde la época en que Disney, auspiciado por Rockefeller, hacía cosas como ?Los tres caballeros?: ¿es esto lo que Del Toro quiere proyectar de su cultura?

Dicho esto, la película es una delicia visual, abigarrada y colorista como una feria mexicana, y la aparente morbidez del tema de los muertos (ah, claro otra gran tradición de la cultura mexicana) se resuelve, como en el imaginario burtoniano, con buenas dosis de inventiva y poesía. Por eso, creo, la película no asustará a los pequeños, si bien los productores han arriesgado ante su público natural.

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