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Crítica de «Kingsman. Servicio secreto» (***): los viejos espías se reinventan

Crítica de «Kingsman. Servicio secreto» (***): los viejos espías se reinventan

El que se despeina alocadamente es el siempre fiable Colin Firth, que aquí deja una formidable actuación

D�a 27/02/2015 - 01.28h

Hay más caminos de los que aparecen al primer, segundo o tercer vistazo. Como dice el protagonista refiriéndose al nombre de su mascota: JB no es por James Bond ni por Jason Bourne, sino por Jack Bauer. Es un guiño a lo que es la película. Cuando la pareja Paul Greengrass-Matt Damon taparon la salida a cualquier película de espías con la formidable saga Bourne, parecieron que todos los caminos estaban cerrados.

Pero la palabra imposible no parece existir en el vocabulario de Matthew Vaughn, que se caracteriza por un profundo ingenio y originalidad nacidas de creaciones insólitas como las «Kick Ass». Aquí Vaugh reinventa el camino de los viejos espías con un sendero donde la energía y la vitalidad están presentes en todo momento. No ha dudado Vaughn en recurrir a la violencia en su estado puro (la escena de la iglesia es simplemente portentosa, cruda y sanguinolenta en el mejor camino de Tarantino) con tal de dotar a su trabajo de un gancho que siempre se percibe en su obra.

Pero si Vaughn deja su personal sello en «Servicio Secreto», el que se despeina alocadamente es el siempre fiable Colin Firth, que aquí deja una formidable actuación, muy bien escoltado por el mejor Samuel L. Jackson, ese que logra sacar su tono cómico y sarcástico que tanto juego le da.

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