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Crítica de «Maps to the stars» (***): Lluvia ácida sobre Hollywood

Crítica de «Maps to the stars» (***): Lluvia ácida sobre Hollywood

No será una de las pelis favoritas del año en Beverly Hills, pero no es raro encontrarle la chispa sibilina y la gracia amarga

Día 06/03/2015 - 10.48h

Tal vez David Cronenberg no se refleje en los espejos, pero sí sabe usarlos para que veamos en ellos lo que nos quiere contar o distorsionar, que, en el caso de esta película, es el universo Hollywood en toda su concavidez. La gracia disparatada, la ironía pérfida y el retrato cruel con el que Cronenberg nos relata el mapa de esas estrellas lo aleja, por perturbado, malicioso y lacerante, de otros muchos que se han hecho siempre de la cara más vulgar de Hollywood. Probablemente, «Maps to the stars» no sea una de las pelis favoritas del año en Beverly Hills, pero no es raro encontrarle la chispa sibilina y la gracia amarga si no tienes un primo viviendo allí o un hijo estrellita precoz.

La historia es delirante, como cada uno de los personajes: un terapeuta cantamañanas que interpreta John Cusack; una estrella cincuentona que aún se siente capaz de interpretar a una treintañera, que encarna la mejor Julianne Moore, y que explica con terrible gracia descarnada el punto donde se encuentran la banalidad, la vanidad y el miedo. Y se retrata de modo desolador a las nuevas generaciones, a los que recogen el testigo, personajes que interpretan en toda su profunda superficialidad Mia Wasikowska, Robert Pattinson (que aquí también sale en limusina, como en la anterior, el truño «Cosmópolis») o Evan Bird, ese niño con cara de no prestarle un mechero.

Tal vez, y en el fondo, de lo que pretende hablar Cronenberg en este artefacto explosivo es, llana y simplemente, de ese interés tan del ser humano que es la aspiración, jóvenes que aspiran gloria y glorias que aspiran juventud, y que lo vulgariza en ese gesto metafórico del canutillo y la nariz. La edificación física que hace esta película de Hollywood también tiene su vuelta metafórica con la que hace de su moral, un lugar relimpio y relindo con un redoble fecal y un sorprendente humor escatológico.

Probablemente no haya nada nuevo, o que no se hubiera contado antes, en el mapa que hace Cronenberg de Hollywood, pero nadie como él ahora había dedicado todo su talento descriptivo en burlarse del patio del psiquiátrico, de mezclar vísceras, sentimientos y olores, y de exponer en el escaparate todo el menú de sus taras y trastornos, sean mentales, laborales, familiares o gástricos. Allí esperan a Cronenberg para darle un homenaje.

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