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Crítica de «Refugiado» (***): No puedes volver a casa

Crítica de «Refugiado» (***): No puedes volver a casa

Donde muestra sus mejores virtudes es en la forma de crear una dialéctica entre la madre nómada y el pequeño que la acompaña en la huida

D�a 06/03/2015 - 05.50h

La historia que cuenta Diego Lerman aquí no resulta, por desgracia, especialmente novedosa: una mujer huye del hogar conyugal, víctima de los malos tratos de un agresor que multiplica luego sus disculpas y sus promesas de no reincidencia. A él no le vemos: sólo oímos su voz por teléfono. Esa es una de las premisas de la película: ahorrarse las explicaciones de la crisis, ahorrarnos la presentación de la violencia, y centrarse en los efectos de la misma. Lo vemos en la cara y la actitud perpetuamente asustada de la madre y puede que no haya nada más que contar: no existe razón alguna que justifique el reducir a un ser humano a la condición de animal huidizo, de nómada forzado.

Donde película y realizador muestran sus mejores virtudes es en la forma de crear una dialéctica entre la madre nómada y el pequeño que la acompaña en la huida. El niño no puede, por fuerza, entender de la situación más que algunos detalles que gestiona con algún tipo de pensamiento mágico, es decir, y por decirlo con más crudeza, en defensa propia. Y lo más difícil es entender, como rezaba el título de aquella película de Nicholas Ray, que ya no puede volver a casa, que aquella casa con sus juguetes y sus dos padres (a los que no quiere, claro, renunciar) ya no existe. Este es el desolador trayecto, anímico y geográfico, que nos hace recorrer la película; sin las apoyaturas dramáticas o sentimentales que una producción menos valiente hubiera brindado al espectador a modo de muleta afectiva.

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