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Crítica de «Pasolini» (**): Las cenizas de Pier Paolo
Dafoe y Ferrara en la presentación de la película

Crítica de «Pasolini» (**): Las cenizas de Pier Paolo

Ferrara ensaya procedimientos narrativos cada vez más alejados de la corriente principal del cine comercial

Día 20/03/2015 - 15.59h

Una película biográfica norteamericana sobre un controvertido artista europeo: la primera duda que a uno le asalta es que se haya tratado de hacer un biopic, que es la más aburrida de las categorías del cine histórico. No es así porque, a su manera, Abel Ferrara es, como su protagonista, un enfant terrible del cine hecho en los aledaños de Hollywood, primero a través de un cine de género muy hard boiled, y desde hace un tiempo porque ensaya procedimientos narrativos cada vez más alejados de la corriente principal del cine comercial. Tampoco parece posible, de todos modos, hacer un biopic con Pasolini: su figura no se puede reducir a los parámetros más o menos beatos, más o menos hagiográficos, del retrato del gran artista. Y de hecho Ferrara inserta muy pronto una escena de sexo anónimo en público que, aparte de reforzar los prejuicios que alguien pueda tener sobre la práctica homosexual, asocia al protagonista con una noción bastante sórdida de la sexualidad. Parece cierto que Pasolini tendía a asociar los bajos fondos y los bajos a secas, pero eso es tan solo el aspecto más sensacionalista de su vida privada que informa su imagen pública.

El gran pecado de Ferrara es haber explotado el lado amarillo de su biopic sin llegar a explicar nunca su contribución artística y sus intervenciones políticas que le convirtieron en un emblema de la cultura o contracultura italiana. Quien no conozca a Pasolini, no sabrá quién era Laura Betti (a la que aquí se llama Laura a secas; y está muy mal interpretada por Maria de Medeiros) ni Ninetto Davoli (¿qué sentido tiene entonces convocarle, con sus rizos ya canosos, en una recreación del lado más naif de Pasolini?) ni entenderá la aparición final de María Callas, la amante amiga del cineasta, cantando por lo demás de forma incongruente una ópera cómica sobre las imágenes de Pasolini muerto. Todo esto lo da Ferrara por entendido, sin ofrecer el más mínimo contexto: podía, por ejemplo, haber recreado Accatone para explicar la atracción del poeta cineasta por los ragazzi della vita, no sólo por su deriva sexual sino como símbolo de la vitalidad proletaria luego corrompida por la sociedad de consumo (tema que obsesionaba a Pasolini al final de su vida)? pero todo esto son oportunidades perdidas, elucubraciones con las que uno se entretiene mientras se aburre o se indigna viendo esta inexplicable película

Pasolini

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