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Crítica de «El nuevo exótico Hotel Marigold»(***): La increíble exótica de los grandes actores

«Sus planes de expansión y sus planes de boda son la excusa argumental para que la melancolía otoñal y británica tenga motor y ruedas»

D�a 10/04/2015 - 13.50h

Como se recordará, «El exótico Hotel Marigold» fue como un interruptor que encendía una alegre luz en esa habitación en penumbra y con escasez de ventanas que es la vejez. Ahora, el equipo en pleno, con el director John Madden, el guionista Ol Parker y todo el magnífico elenco actoral le procuran un alargador a ese cable eléctrico: no es propiamente una secuela, es una extensión de la historia. Y el mayor acierto es que Madden, con los mismos ingredientes consigue un resultado (¿mejor?) con el sencillo e inteligente método de cambiar las dosis: este «Nuevo exótico hotel Marigold» concentra casi toda su fuerza en la personalidad, estilo y verbo de media docena de veteranos actores británicos que trastocan y conmocionan el sentido de lo exótico: ellos son lo exótico, y no el hotel, ni la India, ni el espectacular y previsible número de baile al mejor estilo Bollywood. Y especialmente, el portentoso Bill Nighy, al que hay que escuchar en su perfecto inglés el recitado y la doblez de sus frases, pues habla como si las hubiera escrito en bastardilla esa misma noche. Judi Dench, Ronald Pickup, Celia Imrie, Penelope Wilton?, y Maggie Smith, fabulosa como testamento de otra época y como observadora de ésta (falta en esta extensión Tom Wilkinson).

El argumento son ellos, sus sentimientos y el modo elegante de exponerlos y ocultarlos, aunque la película se entretiene también en lo circunstancial del personaje que interpreta Dev Pavel, otra elegancia, otro verbo, otra edad? Sus planes de expansión y sus planes de boda son la excusa argumental para que la melancolía otoñal y británica tenga motor y ruedas. Y hasta casi se agradece la extravagancia de que recale ahí, en ese imperio de lo sólido, el gaseoso personaje que interpreta Richard Gere, como si dijéramos la guinda que no a todo el mundo le gusta de un pastel.

Es obvio que ni el guionista ni el director son los principales constructores de este nuevo hotel, sino el carácter, el porte y el pico corvo y clamoroso de sus actores, que le dan a una historieta sin más el temblor y la grandeza (y la gracia y malicia) de esas obras con buena madera y mejor verso. A Richard Gere le debieron crecer las orejas de oírlos.

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