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Crítica de «La fiesta de despedida» (****): vitriolo sobre el morirse de risa
Escena de la celebrada película israelí

Crítica de «La fiesta de despedida» (****): vitriolo sobre el morirse de risa

Los protagonistas son unos cuantos ancianos de un asilo y su desconcertante invento para «ayudar» a los que quieren irse discretamente al otro barrio

D�a 17/04/2015 - 16.45h

Aunque, al vistazo, parezca ésta una película fácil, no hay nada fácil en ella, pues trata en esencia de ese sorbo penoso y polémico de tragar que es la eutanasia, y además lo hace desde su ubicación menos accesible, la comedia. Dos detalles más que no le proporcionan sencillez a «La fiesta de despedida»: es una película israelí dirigida por Tal Granit y Sharon Maymon, y no es exactamente eso que se considera una comedia negra, sino extrañamente blanca. Este segundo detalle, su blancura, o su blancor, le quita todo el óxido al hierro del tema tratado, lo que para los muy entusiastas de la eutanasia sin duda resultará una lacra, pero la convierte en una comedia cercana, entrañable, inteligente, no discursiva y para todos, o cualquier público.

Los protagonistas son unos cuantos ancianos de un asilo y su desconcertante invento para «ayudar» a los que quieren irse discretamente al otro barrio. Hay mucho humor inteligente y disparatado, y también dosis inevitables de emoción y soledad, pero sobre todo hay un tratamiento humano y lleno de dudas sobre lo que se está tratando mediante el moderado pulso entre la comedia y el drama, el palo y la zanahoria al espectador.

Los actores, veteranísimos y desconocidos aquí, son magníficos y dosifican de manera ejemplar la sal que le vierten a la herida del argumento. Y de un modo muy cercano, sin tesis, la película viene a adornar una idea mucho más rebelde de lo previsto: la fácil y lo difícil que es administrar (gestionar) eso que se llama con rapidez la muerte digna.

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