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Crítica de «Las altas presiones» (***): El viajero accidental

Crítica de «Las altas presiones» (***): El viajero accidental

Es casi una convención del cine autoral desde la época de las nuevas olas

Día 08/05/2015 - 17.03h

Elegir un protagonista que parece vivir en un estado de depresión suave y ponerlo en movimiento no como agente provocador sino más bien como papel tornasol, y para que se mueva la propia película: es casi una convención del cine autoral desde la época de las nuevas olas.

Lo que sorprende es lo eficaz que sigue siendo este recurso después de más de medio siglo, siempre que se cumplan una serie de condiciones. Hace falta un actor de primera, como aquí Andrés Gertrudix, que sepa hacer eso que le cuesta tanto a muchos de sus paisanos: no pedir la incesante simpatía del espectador, no actuar ni «explicarse» demasiado. Y hace falta un cineasta, como Ángel Santos, que sepa diseñar un personaje así y situarle en el centro (o en una esquina) de eventos que no caigan en lo significativo. Como ven, se trata de una delicada operación de vaciado en la que hay que tener cuidado de no arrojar el bebé cuando se vacía la bañera: hay que saber mirar y hacernos ver y esta modesta película sabe conjugar los géneros pictóricos del paisaje y del retrato.

Dirección: Ángel Santos.

Intérpretes: Andrés Gertrudix, Itsaso Arana.

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