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Crítica de «Nuestro último verano en escocia» (****): Una comedia de muerte

Crítica de «Nuestro último verano en escocia» (****): Una comedia de muerte

Una película de aspecto menor y gigantesco interior, capriana y simpática en el buen sentido de ambos términos

D�a 29/05/2015 - 02.25h

Hay películas sobre sexo que hacen pensar en la muerte y obras sobre el último tránsito capaces de regalar felicidad. A este último grupo, no muy abundante, pertenece «Nuestro último verano en Escocia», una película de aspecto menor y gigantesco interior, capriana y simpática en el buen sentido de ambos términos, optimista hasta el último estertor, desdramatizadora y con tan buen rollo que es difícil ser crítico de cine y reconocer que te ha llegado sin perder lo que te queda de reputación. El argumento tampoco parece demasiado sofisticado, pero contiene un ingrediente casi infalible: hacer del espectador un testigo omnisciente, cómplice involuntario de un intento de engaño monumental.

Una familia en deconstrucción viaja a la casa del abuelo enfermo con idea de mantener la farsa de su unión, con el fin de no rematarlo del disgusto. Las bolas de la mentira crecen más rápido que las de nieve y se estrellan con mayor estrépito. Por ahí el desenlace no ofrecía mayores dificultades, pero los guionistas y directores, Andy Hamilton y Guy Jenkin, dan por el camino una lección de humanidad y de vida, con ayuda de unos críos fabulosos y de un Bill Connolly (el patriarca) sensacional. Rosamund Pike y David Tennant, los famosos del equipo, reman en la dirección adecuada sin ánimo de robarles protagonismo y gracias a todos ellos la cinta entera se desliza con fluidez. El milagro es modesto, pero intenten repetirlo en casa.

Dirección: Andy Hamilton, Guy Jenkin.

Intérpretes: Rosamund Pike, David Tennant.

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