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Crítica de «Phoenix» (***): De entre los muertos
Una escena del filme

Crítica de «Phoenix» (***): De entre los muertos

La semilla hitchcockiana se concreta en esa idea tan turbadora y tan cinematográfica del hombre que rehace a una mujer a imagen y semejanza de una muerta

D�a 05/06/2015 - 02.02h

El título español de «Vértigo» comparece aquí arriba porque la obra maestra de Hitchcock fue una declarada inspiración para el director Petzold y su coguionista Harun Farocki, otro maestro, este desconocido, del cine de no ficción alemán al que me gustaría rendir homenaje tras su reciente desaparición. La semilla hitchcockiana se concreta en esa idea tan turbadora y tan cinematográfica del hombre que rehace a una mujer a imagen y semejanza de una muerta: «pura necrofilia», le decía Alfred con perversa fruición al atento Truffaut. Pero en Phoenix las motivaciones son muy otras y la relación de la reticente modelo con la fallecida es? no podemos seguir leyendo sin incurrir en leso spoiler y el espectador de esta estupenda película no se lo merece. Deben conformarse con saber que el argumento se desarrolla en el Berlín de la inmediata posguerra y que la espléndida actriz Nina Hoss encarna el papel de una mujer judía que logra sobrevivir a Auschwitz para, de forma absolutamente temerosa en un principio, intentar rehacer su vida.

Si hay algo que se le puede echar en cara al realizador es que haya optado por una opción realista y una puesta en escena conservadora que puede confundirse con la de la típica película histórica: si hay algo que pide a gritos una película con una premisa como esta es un punto de exceso, de melodrama, que redondee la perfecta metáfora de ceguera y renacimiento que plantea una trama que se sitúa, precisamente, más allá de lo verosimil. Más de una vez pensé en lo que habría hecho Sirk (por alemán), en lo que de hecho hizo Hitchcock, en lo que podría hacer Almodóvar para expiar «La piel que habito». Petzold se pasa la película apretando las riendas, y solo trabaja el exceso por medio de una canción, la inefable «Speak Low» de Kurt Weill que, tras ser repetido leitmotiv, acaba por fin por poner el adecuado «melos» a este drama.

«Phoenix»

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