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Crítica de «El pequeño Quinquin» (***): El Diablo y el Holocausto

Crítica de «El pequeño Quinquin» (***): El Diablo y el Holocausto

En la película de Bruno Dumont parece centrarse en la investigación policial, pero donde pone el ojo es los personajes, fellinianos los niños y berlanguianos los adultos

D�a 12/06/2015 - 08.48h

Un viejo dicho, muy de abuela, sostiene que el Diablo tiene cara de conejo. En «El pequeño Quinquin», que gustará más a los críticos que a las personas «normales», el mal más absurdo llega a un pueblo costero, aunque aquí es la vaca el animal protagonista. La película, en realidad una miniserie servida del tirón, parece centrarse en la investigación policial, pero donde pone el ojo es en su catálogo de personajes, fellinianos los niños y berlanguianos los adultos, todos ellos más parcos en palabras.

Bruno Dumont nos asoma a la Francia profunda, de rostros feos, la que esconden con criterio las guías de viajes. El humor burlón y no siempre fácil sobresale en una obra que a veces transcurre a un ritmo desesperante. Se paga paga el cambio de pantalla. Buena, seca y profundamente triste, la cinta es una desmitificación del infierno, con un Quinquin que parece Zé Pequeno sin favela ni agallas y un comandante que también habría bordado José Luis López Vázquez. Exagerado hasta en sus tics, el hombre llega a decir que todo aquello «es peor que el Holocausto». El Diablo.

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