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Crítica de «Una segunda madre» (***): Arriba y abajo

Crítica de «Una segunda madre» (***): Arriba y abajo

Es un juego de relaciones sociales, de clase, en el que la película propone su moral, o su tesis, en lo que crece el personaje de esa asistenta cuidadosa que interpreta magistralmente Regina Casé

D�a 26/06/2015 - 09.30h

La relación de Val con su universo es perfecta, como lo era la del mayordomo Anthony Hopkins en «Lo que queda del día». Trabaja como interna para la misma familia desde hace muchos años y mantiene con ella una distancia elástica, tan cercana como lejana, salvo con el hijo, al que prácticamente ha criado y ahora, ya adolescente, perdura entre ellos una entrañable proximidad.

Un universo perfecto que se remueve cuando llega a la casa la auténtica hija de Val, también adolescente, y que ha vivido con unos familiares y estudiado gracias al dinero que mandaba Val. La directora, la brasileña Anna Muylaert, coloca su cámara para que veamos la situación en toda su complejidad: la madre que pretende controlar la naturalidad de su hija en ese territorio (la casa de los señores) lleno de claves y límites; la hija educada de un modo con otras claves y otros límites; los miembros de esa familia, que unos se sienten confortados con la frescura de la joven y otros se sienten amenazados?

Es un juego de relaciones sociales, de clase, en el que la película propone su moral, o su tesis, en lo que crece el personaje de esa asistenta cuidadosa que interpreta magistralmente Regina Casé, en cuyo rostro se van manifestando los temores, las perplejidades, las liberaciones y el mejor conocimiento de cuál es su lugar en la casa y en el mundo.

Aunque no es su moral, o su tesis, lo mejor de «Una segunda madre», pues fuerza para decir lo que persigue las actitudes de «los malos», los señores de la casa, que se convierten con rapidez sorprendente en lo que no eran (ella, insegura y cruel, y él, un ridículo fauno). Lo mejor es la relación bien hilada, gradual y rica entre la madre y la hija (la joven Camila Márdila consigue una mezcla imposible entre lo cargante y lo digno).

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