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Crítica de «Terminator Génesis» (**): El día de la marmota

Los mismos personajes que se inventó Cameron hace ya un buen pedazo de bucle temporal vuelven a su rollo sistemático como Bill Murray

D�a 10/07/2015 - 18.21h

Con todos los respetos a los muchos seguidores de esta saga familiar en tiempo flotante, a mí me empieza a parecer el día de la marmota. Los mismos personajes que se inventó Cameron hace ya un buen pedazo de bucle temporal vuelven a su rollo sistemático como Bill Murray: Skynet, o sea, los robots, pierden la guerra contra la resistencia, o sea, John Connor, y hacen viajar en el tiempo hacia atrás a un Terminator para darle matarile a la madre de John Connor, o sea, Sarah Connor, y viaja también un soldado del futuro, Kyle Reese, para salvarla? Una poética confusión entre causas y efectos, pues se trata de impedir con la muerte de Sarah que engendre a su hijo John, líder de la resistencia, y el soldado que ha de mantenerla viva es precisamente quien facilita vía sexual el engendramiento de John Connor.

La vida misma: para evitar un hecho bueno o malo, se esfuerza uno en ponerle unos remedios que son finalmente los que lo provocan. El director de «Terminator Génesis», Alan Taylor, coge el solomillo de este día de la marmota y lo trocea aún más, con líneas de un pasado paralelo, un presente hipotético y un futuro virtual que marearían a Stephen Hawkins, y abre una especia de vía puente aéreo entre los tiempos reales, paralelos e hipotéticos que casi precisan de un bonobús de diez viajes para irlos haciendo. Muy liosa para decir lo mismo, pero sumamente entretenida y espectacular, y con un punto de distinción en la relación de Sarah Connor con el abuelo Terminator: Emilia Clark y un Schwarzenneger viejo pero no obsoleto, y con una agradable tendencia a reírse de sí mismo. En fin, que Terminator ya tiene el cableado muy, muy al aire.

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