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Crítica de «Operación U.N.C.L.E.» (***): Un estibador con frac

Crítica de «Operación U.N.C.L.E.» (***): Un estibador con frac

Convendría que empezaran a tomarse muy en serio a Guy Ritchie, tanto como él se toma a cachondeo todo lo que huele a cine, gánsters, british y establishment entero

D�a 14/08/2015 - 06.50h

Convendría que empezaran a tomarse muy en serio a Guy Ritchie, tanto como él se toma a cachondeo todo lo que huele a cine, gánsters, british y establishment entero. Y, de camino, también sería bueno que no nos engañáramos con él: sí, tiene un estilo de estibador de Brighton, pero no se confundan, eso es lo que le da ese sello irónico, fresco como un calamar y peligroso como una piraña.

Ritchie le da a todo, y ya no es solo especialista en los bajos fondos londinenses (sin duda un maestro en ello), sino que se atreve con joyas míticas. Como la de «Misión Imposible» ya la había acaparado el pequeño Tom y los de Friends son ya casi unos abuelillos, se ha colado por la rendija que le quedaba y, hurgando en el baúl de los recuerdos, se ha agarrado como una lapa a «El hombre de Cipol», aquella triunfadora serie televisiva de los 60 con un agente norteamericano y otro ruso reventando a los malos en plena guerra fría. Napoleón Solo e Ilia Kuriakin se llamaban, y el traje le ha venido a Ritchie al pelo.

Sucede que Solo era un personaje de frac hasta en la ducha, e ironía por cada frase que salía de su boca. Kuriakin, más práctico pero letal, le secundaba con efectividad. Y sucede que la ironía y el humor son el fuerte de Ritchie, que ha echado el resto en este blockbuster que puede ser de lo mejorcito del verano en su género.

Historia de espías muy ligera, con una ejemplar escenificación y algunos momentos espléndidos de mucho colorido y acción. Lo bueno de Operación UNCLE es que aspira a ser justo lo que es. Ni le sobra ni le falta. Sus aspiraciones son medianas, pero dentro de ello cumple con el papel que le corresponde. Ni es Bond, ni Bourne ni Ethan Hunt, pero es por eso que tiene su personalidad propia: elegancia junto a cierta aspereza y hacer confluir ambas personalidades hacia un objetivo común. De hecho, Ritchie consigue que hasta Henry Cavill nos caiga menos mal y también que Armie Hammer sea algo menos soso que en «El llanero solitario», ambos logros considerados como una meta casi imposible.

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