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Crítica de «Las sillas musicales» (***): algo de Groucho y mucho de empatía

Crítica de «Las sillas musicales» (***): algo de Groucho y mucho de empatía

Una mujer provoca la caída de un hombre y su correspondiente coma. A partir de ese momento, se desvive por él, trabaja por él, come por él y hace de su existencia la suya.

D�a 28/08/2015 - 17.28h

¿Saben de esas mujeres ligeras en su cuerpo, en su rostro y en su alma? Son esos seres que parece que si les soplas salen volando, pero no tanto por su aspecto físico, que también, sino por ese moverse y hablar que parecen tan livianas que vuelan.

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Son simpáticas, afables, con empatía. En este filme aparece ese personaje, que antes era propiedad de Audrey Tautou, y ahora es, inequívocamente, de Isabelle Carré (aquella maravillosa vergonzosa de «Tímidos anónimos», entrañable película).

La trama es ingeniosa pero ligera como la misma protagonista: una mujer provoca la caída de un hombre y su correspondiente coma. A partir de ese momento, se desvive por él, trabaja por él, come por él y hace de su existencia la suya. Lo hace hasta tal punto que la película empieza a entrar en el terreno de lo grouchiano, totalmente.

El filme, que es corto (no llega a la hora y media), entra poco a poco en esa especie de parque de bolas infantiles que es propiedad de Groucho Marx: el del absurdo, jocosamente absurdo, tremendamente absurdo, de irrisión completa.

El buen hacer de Marie Belhomme es lo que le hace al espectador permanecer en continua sonrisa, un estado placentero al que ayuda, y de qué forma, ese delicado esqueleto, por dentro y por fuera, que siempre es Isabelle Carré, la chica que creó el término empatía.

Dirección: Marie Belhomme. Intérpretes: Isabelle Carré, Carmen Maura, Philippe Rebbot.

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