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Crítica de «Ático sin ascensor» (***): Vender el hogar para comprar un piso

Crítica de «Ático sin ascensor» (***): Vender el hogar para comprar un piso

Lo que hace el director, Richard Loncraine, es convertir un enorme drama en una amable y recomendable comedia

D�a 18/09/2015 - 08.35h

No resulta complicado encontrarle a esta película su media docena de atractivas virtudes, pues nos muestra un Nueva York transparente y que nos deja fisgar en el interior de sus casas y sus vicios, y nos habla de una pareja que enfila a la vejez y que quiere vender su casa de toda la vida, su ático (sin ascensor), para comprarse un apartamento más ¿cómodo?.

Morgan Freeman y Diane Keaton, su tuya-mía, su tono jocoso e irónico, hacen adorable esta comedia que reniega abiertamente de su parte amarga, del acoso de la vejez, del virus inmobiliario y del trauma post 11-S, pues el director, Richard Loncraine, juega con los miedos y los prejuicios al colocar de perfil en el argumento una subtrama pseudoterrorista.

Todo está mirado con ojos jocosos, los mismos con que Morgan Freeman observa el fulaneo por su hogar de los posibles compradores, el regateo inmobiliario y el bombardeo de ofertas y agentes. Y aún esa mirada jocosa, aunque en el fondo vitriólica y amarga, se endulza algo más al inmiscuir entre esta algarabía de presente unos «flashback» del feliz pasado de la pareja desde que llegaron recién casados.

En realidad, Loncraine lo que hace es convertir un enorme drama en una amable y recomendable comedia, y sin esconder lo abrupto de la historia, la inevitable decadencia y ascensión escaleras arriba, la soledad (con perrito moribundo), las vistas desde el estudio que hay que abandonar, la obra de un pintor allí aparcada? La gran interpretación de Freeman y Keaton es el género al que pertenece «Ático sin ascensor».

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