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Crítica de «Ma ma» (***): Gran Penélope, puro Medem

Crítica de «Ma ma» (***): Gran Penélope, puro Medem

Julio Medem no es un director cómodo para las emociones del espectador, pues tiende a someterlas a un tercer grado bajo su foco, o su cámara

D�a 11/09/2015 - 06.13h

Dirección: Julio Medem. Intérpretes: Penélope Cruz, Luis Tosar, Asier Exteandía, Teo Planell, Silvia Abascal.

Julio Medem no es un director cómodo para las emociones del espectador, pues tiende a someterlas a un tercer grado bajo su foco, o su cámara. Pero, no lo es ahora en «Ma Ma», ni lo era entonces, en sus títulos más celebrados por la crítica («Tierra», «Los amantes del círculo polar»?), que no encuentra en esa redundancia poética de su estilo (sublimado en sus últimas películas, como «Habitación en Roma» o ésta que hoy estrena) más reacción que el disgusto. Pero Julio Medem no ha hecho más que crecer en sus obsesiones melodramáticas, y aquí, en «Ma Ma», las lleva hasta el extremo de destrozar un buen (e indeseable) material trágico y convertirlo en un luminoso melodrama, tan absolutamente inverosímil en sus detalles de lógica narrativa, como tremendamente real y bienintencionado. Medem nunca le tuvo miedo al empalago, y en esta ocasión se va hacia él con arrojo de héroe.

No se valorará lo suficiente el riesgo que asume Julio Medem al conducir su tragedia al melodrama (esa ausencia de frenada en personajes como el ginecólogo cantante, o ese afán de que coincidan en el cuerpo de ella, su protagonista, el cáncer mortal y el embarazo vital), o sólo se valorará el enorme riesgo que asume ella, Penélope Cruz, al someterse al brutal esfuerzo físico y psicológico de encarnar a Magda, una mujer sencilla, buena maestra, grandísima madre, que diluye con su mejor armamento de actriz (nada transmite como el rostro de Penélope Cruz la luminosidad de un instante) todo el fardo insoportable de su personaje.

La historia, además de melodramatizada (incluso, incorrecta en cierto modo, o en cierto ámbito, pues le otorga al embarazo un lugar privilegiado en una situación clínica que lo desaconseja, como alguien que saliera a saludar alegremente a una terraza sin baranda), está embadurnada del estilo Medem, de su «creatividad» en el montaje y en el punto de vista de la cámara (hasta se fija en los ritmos del corazón de los personajes), de su falta de pudor al buscarle la rima a las emociones y al envolver de artificio la fea realidad.

De tal modo, que, entre las virtudes de ellos, le cortan las uñas a una historia atroz y cotidiana, y le cambian el sentido al tráiler desbocado del argumento, que no va hacia la muerte, sino hacia la vida.

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